21 de noviembre de 2011

Los míos, los tuyos y los nuestros


El efecto de la separación de los padres para los hijos no termina con la adaptación a la ausencia de uno de los padres, sino que luego, en la mayoría de los casos traerá aparejado la adaptación a una nueva estructura familiar ampliada.

Para los hijos, la ausencia de uno de los padres necesariamente lleva, en un primer momento, a atravesar un proceso similar a una etapa de duelo.Es común que los niños se sientan solos y teman perder también al padre con quien conviven. Siendo que perdieron a uno, pueden perfectamente perder al otro.

Suelen mostrarse más demandantes de compañía. Solicitan frecuentemente la presencia parental. También suelen decir que tienen miedo de realizar algunas tareas solos, o de permanecer en sus cuartos sin compañía.

Cuando el padre debe ausentarse, no sólo debe dejarlo al cuidado de alguien de confianza y que el niño conozca, sino que debe decirle claramente a donde va, cuando vuelve, cuanto tiempo tardará y demás datos.

Y cuando finalmente aparece una nueva pareja para papá o mamá, es natural que el niño intente, por un lado, que ocupe el lugar dejado por el padre no presente. Pero el nuevo adulto debe tener en cuenta que la relación puede desarrollarse entre momentos de intensa demanda, con otros de alejamiento, donde desconocerá su autoridad para ponerle algún límite o marcarle alguna pauta, y el niño le recordará que no es su padre o madre para decirle tal o cual cosa.

Por otro lado, la formación de esta nueva pareja le devuelve, en parte, la tranquilidad al niño. La presencia de un otro que quiera a su madre y a él lo alivia. Pero este nuevo adulto debe entender su función como diferente a la que tenía su verdadero padre o madre. Debe contener, dar amor, dar seguridad, aliviar la sensación de abandono, dejar claro que no es un reemplazo y que está allí por su propia elección. Pero, a su vez, debe ir entendiendo y tolerando que el niño pondrá a toda prueba esta relación, portándose mal, no aceptando sus límites y desconociendo sus normas.

Será de gran ayuda para el infante que este nuevo integrante familiar pueda aceptar esta etapa de “enfrentamiento” sin enojarse, y dejándole bien en claro al pequeño que puede contar con él en todo momento y para todo lo que lo necesite.

Otra situación importante a considerar es que en esta mezcla de sentimientos también puede experimentar culpa por traicionar al padre biológico en la profundización del nuevo vínculo. En niños pequeños hay que tener presente la necesaria identificación con ambos padres como etapa normal del desarrollo psicológico. Pero especialmente con el padre del mismo sexo. Frente a una nueva pareja, el niño mostrará una mayor demanda del vínculo con esta persona de su mismo sexo, en un intento por cumplir con la necesidad de identificarse. Otra manera de suplir estas necesidades puede lograrse al favorecer el contacto de los niños con otros miembros de la familia (abuelos, tíos, primos).

Otro escollo a superar si ambos integrantes de la nueva pareja tienen hijos es la aceptación entre los niños. Unos jugarán de local y otros de visitantes. Serán probablemente de distintas edades, costumbres y ritmos de vida. Cuanto más pequeños sean, más fácil será el proceso.

Si son de edades afines podrán compartir juegos como modo de integración mutua. Pero si transitan la etapa puberal o la adolescencia, seguramente habrá que luchar con rechazos, rivalidades, malas contestaciones y tratos o indiferencias. Estará en la habilidad de ambos miembros de la nueva pareja permanecer siempre centrados, en calma, favoreciendo el diálogo y el acercamiento en un clima de paz.

Avanzando en el tiempo llegarán seguramente nuevos hijos que espontáneamente se adaptarán desde el principio siendo bebes a sus hermanos, aunque debemos recordar que como con todo hermano y más aún en estas circunstancias los celos existen y también se manifestarán. No desesperar, con el amor de los padres y en familia ¡todo se puede!

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