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¿Para qué tienes tus manos?...... para bendecir.




¡Qué cosa las manos! ¡Qué útiles! Todo hacemos con ellas y el que no las tiene, con mucho esfuerzo las suplanta con la boca o con los pies, pero nunca será lo mismo.

Podríamos hablar tanto de las manos. Con ellas se han hecho guerras. Hitler, con una mano levantada, mandó a matar a seis millones de personas. Con ellas se acaricia o se mata, se construye o destruye. 


Pero que decir de tus manos y las mías. ¿Cómo usarlas mejor? 

Podríamos decir que, nuestras manos nos fueron dadas para trabajar, para criar hijos, para acariciar a nuestra familia, en fin, usándolas para sostenerles. Pero hay más…

Hubo una vez, un hombre en la tierra que tenía dos manos como las nuestras. 

Un día, recorriendo el pueblo, vino un hombre corriendo hacia él y arrodillándose, le pidió ayuda. 
Este hombre estaba enfermo de cuerpo y alma, a causa de su terrible enfermedad.
Había sido apartado de su casa, familia y echado fuera de la ciudad a un valle donde había muchos como él.

Este hombre era leproso y cuando la gente, sin conocerlo, se le acercaba, debían gritarle inmundo, arrojándole piedras y luego huyendo por el miedo y rechazo a su enfermedad.

Pero en esta ocasión, se entero de un hombre que hacía bien a los afligidos y enfermos y abriéndose paso entre la gente, que les insultaba, llegó a él y dijo con toda angustia de su alma, 

“Señor, si quieres, puedes limpiarme”.

La escritura dice que ese hombre, tuvo misericordia de él e hizo algo que no había hecho con otros enfermos. 
No solamente le dio la palabra, sino que “extendió sus manos” y le tocó diciéndole 
“Quiero, sé sano”. Ese hombre quedó sanado de su lepra. Esas manos eran las manos de Jesús y estoy seguro que aquél hombre, se hubiera conformado tan sólo con el “toque” de esas manos, porque en años, nadie se le acercó y mucho menos para tocarlo, por ello su alma estaba más enferma que su cuerpo, porque todo ser necesita ser amado, aceptado y tocado.

Piensa…¿Para qué tienes tus manos?. Dios las dio para bendecir.

Él dijo: “Te bendeciré y serás de bendición”.

Por eso te aliento a usar tus manos. Construye, acaricia, toca, sirve, ama.

Unas manos que saludan, otras que se estrechan, palmean, abrazan, otras para cuidar enfermos. Hay más para hacer con tus manos y para que sean de bendición.

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