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DEL ENGAÑO A LA VERDAD





¡Cuántas veces nos investimos con el derecho de dirigir el rumbo de los acontecimientos o la evolución de nuestros semejantes como si fuésemos omnipotentes, olvidándonos de que hay un Plan Evolutivo y de que todo ser posee sabiduría dentro de sí! Tales actitudes debilitan la fraternidad y la ayuda mutua, porque no permiten el contacto con los niveles supramentales donde ya se estableció una interacción armoniosa.

Mientras no nos desilusionamos respecto de lo que la mente común puede ofrecernos, quedamos extasiados al verla exhibir sus recursos y nos dejamos llevar por una supuesta perfección de la cual parten muy pocos rayos de vitalidad espiritual. Esa mente es la que endiosa las apariencias, como si la Vida tuviera que inclinarse ante los conceptos, en lugar de que éstos sirvan a la Vida. Y adoptamos estos conceptos aun sin percibirlo, por estar demasiado acostumbrados a transgredir las leyes superiores.

Las leyes de los mundos espirituales se basan en patrones distintos a los establecidos por el hombre. Tal como el Sol, que día tras día cruza el firmamento iluminando a todos sin distinción, independientemente de lo que suceda en la Tierra, los poderes puestos en movimiento por esas leyes realizan su trabajo teniendo en cuenta al Todo y sin volverse para ver si sus acciones surtieron efecto. Se donan sin querer nada a cambio.

Cuando comprendemos el papel de la mente en el momento actual de la evolución humana, podemos descubrir las formas de curarla. Tengamos presente que es de la mente de donde surgieron estructuras complejas, basadas en conceptos exactos, pero carentes de vida por cimentarse en una visión aún limitada por la insuficiente comunicación con la esencia espiritual que anima todas las cosas. Esa comunicación, en la mayoría de los casos, deriva del aprendizaje que las caídas más duras proporcionaron a la humanidad a través de los tiempos.

Pero a medida que las vibraciones de niveles supramentales penetran en la mente, ella va dejando ese campo de recuerdos, ilusiones y distorsiones. La malicia, la maldad y la crítica van siendo retiradas; la idea de ser omnipotente es disuelta y da lugar a la percepción de que se puede ser instrumento de Algo todopoderoso que es, de por sí, un misterio para el ser humano.

Es necesario que toda mente pase por esa cura, y esto sólo ocurre cuando se entrega a ese misterio con fe, abdicando de sus condicionamientos, abandonando su crueldad y dejando de creerse dominadora de las situaciones vivenciales. Es entonces colocada frente a lo que considera en vacío: el portal del encuentro con la Realidad.

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