5 de abril de 2013

¿Qué estamos buscando?





Es muy cierto que cuanto más buscamos algo más nos escapa. Muchos de los que nos hemos pasado la vida intentando descubrir quiénes somos hemos intentado recorrer los mismos caminos que otros han recorrido antes que nosotros, con la esperanza de llegar donde ellos han llegado. Hemos escudriñado todos los rincones de la filosofía, de las diferentes religiones, de la metafísica, de los movimientos "new age", de decenas de técnicas como el yoga, el tai-chi o la auto-hipnosis... En todas partes hemos encontrado pautas, indicaciones y consejos que hemos tratado de seguir con más o menos disciplina, con la esperanza de que en algún momento nuestros esfuerzos se verían recompensados. Y cuando al cabo del tiempo hemos visto que aquello a nosotros "no nos funciona", hemos seguido buscando hasta encontrar otra cosa más adecuada a nuestra forma de ser.

 
Al final, sin embargo, todo acaban siendo pautas, métodos, normas y hábitos más o menos difíciles de seguir, que a veces incluso se contradicen unos con otros. Debes meditar tanto rato y de esta manera, tantas veces al día... No debes comer de esto ni de lo otro... Debes repetir este mantra tantas veces... Tienes que dar un 10% de tus ingresos a caridad... Y sobre todo, no pienses en nada... ¡y ni se te ocurra fumar!

Total, que mientras intentamos encontrar la manera de ser más felices acabamos amargándonos la vida y culpándonos cada vez que nos desviamos del camino comiendo un bistec o fumando un cigarrillo después de comer... Y ya no hablemos de cosas más "serias", como tener que evitar tener deseos o aprender a disfrutar de todo lo que nos pase, por desagradable que sea... 

No me refiero a que todos estos caminos sean erróneos, por supuesto, pero no todos son válidos para todo el mundo. Cada uno debemos encontrar el nuestroQuizás en algunos momentospasaremos por los mismos lugares que otros, pero lo que han experimentado ellos no tiene por qué ser lo mismo que tengamos que experimentar nosotros. Cualquier cosa que aceptemos como válidadebe ser porque sentimos que eso "va con nosotros".

Creer, por ejemplo, que para ser "espirituales" no debemos querer ni desear nada va en contra del motivo esencial de nuestra existencia como humanos.

El caso es que por muy misteriosos que nos puedan parecer los motivos de por qué estamos aquí, la única manera que tenemos de descubrir quiénes somos es teniendo experiencias. Ellas son las que nos permiten darnos cuenta de qué parte de nosotros no se corresponde con nuestra esencia, y por tanto, por eliminación, nos ayudan a descubrir poco a poco quienes somos en realidad. Pero para tener experiencias debemos "desear", porque eso es precisamente lo que nos hace mover, lo que nos hace crear nuevas circunstancias en las que experimentar. Y por mucho que a menudo deseamos cosas con todas nuestras fuerzas y en cuanto las conseguimos nos damos cuenta que no eran lo que queríamos, sea como sea hemos vivido la experiencia y hemos aprendido algo, aunque sólo sea que aquello no era realmente lo que queríamos.

Por otro lado, también nos confunde el hecho de tener que aceptar todo lo que nos pasa. Que lo aceptemos no significa que nos tenga que gustar. Es absolutamente lícito que prefiramos vivir experiencias agradables, por mucho que sean precisamente las que no nos gustan las que nos sirven para reflexionar y de las que más podemos aprender, si queremos. Quizás lo más importante es que tomemos conciencia de lo que sentimos en cada momento para poder descubrir de dónde provienen nuestras reacciones y nuestra actitud. Si somos capaces de ver que sólo son el fruto de nuestros miedos, esto nos servirá para darnos cuenta de que no se corresponden con nuestra verdadera esencia y nos acercará más a recordar quiénes somos en realidad.

Sin "querer" ni "no gustar" no tendríamos ninguna motivación para crear nuevas experiencias, con lo cual no estaríamos cumpliendo el objetivo de nuestra vida en un entorno físico. Por lo tanto, ¡ambas cosas son absolutamente necesarias!

¿Y si en realidad todo fuera mucho más fácil? ¿Y si por fin todos nos diéramos cuenta de que no hacen falta leyes, ni normas, ni pautas, y que en realidad no hay nada que cumplir, dominar ni controlar? ¿Y si cada uno pudiera encontrar quien es dentro de su propio entorno y manteniendo sus hábitos? ¿Y si lo que parece tan inalcanzable y tan lejano fuera realmente tan cerca como algunos dicen? 

"La verdad está dentro de ti", "Dios está en el interior", "No busques fuera lo que tienes dentro"... ¿No lo hemos oído todos un montón de veces? Entonces, ¿por qué seguimos buscando? ¿No será que no sabemos exactamente qué tenemos que encontrar? Quizás esperamos vivir en un estado permanente de nirvana, o ir todo el día con una sonrisa de oreja a oreja abrazando a todo aquel que se nos acerque, o ser indiferentes al dolor, o que nuestra vida sea plácida y tranquila para siempre... ¡Entonces no es extraño que no lo encontremos!
 
Al final, creo que lo único que todos buscamos es amor: amar y que nos amen. ¡Y algo aparentemente tan sencillo es lo que nos cuesta tanto encontrar! Realmente, aquellas sencillas palabras de uno de los grandes maestros, que se han repetido miles de veces hasta el punto de perder casi su significado, nos lo dicen claramente y sin tanta parafernalia: "Amaos unos a otros como yo os he amado "...
 
Así de fácil... ¿Y cómo amó él? Pues aceptando a todo el mundo tal y como era, perdonando porque sabía que los errores sólo provienen de "no saber lo que se hace", es decir, de no tener conciencia, diciendo lo que pensaba sin miedo al qué dirán, siendo quien era sin esconderse, dejando que se hiciera la voluntad de "su" padre, es decir, siguiendo su instinto y aceptando las dificultades porque sabía que era lo que debía ser aunque, como humano, tuviera momentos de miedo...
 
Ya ves... "Sólo" esto. Qué lástima que no le hayamos hecho caso y que hayamos montado este circo del "¡más difícil todavía!" Pero si es tan fácil, entonces ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué no somos capaces, sencillamente, de vivir amando y dejándonos amar? Pues esta respuesta es tan simple como la otra: tenemos miedo. Y básicamente tenemos miedo sólo de dos cosas: de ser quienes somos porque creemos que los demás no nos aceptarán y de no poder ser capaces de superar las dificultades que nos podamos encontrar en la vida.

Y ahora demos la vuelta completa al círculo y... ¿dónde nace este miedo? En la falta de amor por nosotros mismos. Así de simple y así de duro... Si fuéramos capaces de amarnos realmente desaparecerían todos nuestros miedos y al mismo tiempo dejaríamos de estar pendientes de lo que piensan los demás de nosotros y de si nos aceptan o no. Aceptaríamos nuestras virtudes y nuestros defectos, sabríamos que podemos ser capaces de vencer cualquier obstáculo, dejaríamos de compararnos con los demás y los aceptaríamos también a ellos tal y como son, respetaríamos todas las opiniones y creencias por mucho que no fueran las nuestras... En fin, viviríamos nuestra vida y dejaríamos que los demás vivieran la suya, sin juzgarnos ni juzgarlos... En definitiva, ¡nos sentiríamos tan felices que sólo querríamos compartir nuestra felicidad!

Sí, ya sé que suena muy bonito y que lo hemos oído miles de veces, pero ¿alguna vez nos hemos parado a pensar realmente que quizás no es tan difícil como hemos llegado a creer?
Sólo cinco letras marcan la diferencia: m-i-e-d-o. Mientras sigamos dejando que ellas dominen nuestra vida seremos incapaces de encontrar nada remotamente parecido a la paz, la iluminación, la serenidad, la felicidad o como queramos llamarle. Y tanto si creemos que la muerte sólo es un paso más en el camino como si pensamos que es el final... ¿no vale la pena vivir siendo libres de ser quienes somos, sea el tiempo que sea?

¿Por qué tenemos tanto miedo de mostrar quienes somos? ¿Por qué nos importa tanto la opinión de los demás? Llevamos la mayor parte de nuestra existencia haciendo las cosas de esta manera y ¿de qué nos ha servido? ¿Cuál ha sido el resultado? Quizás ya es hora de que cambiemos de táctica, ¿no? ¿Y si funciona? ¿Te imaginas dejar de fingir cómo eres o cómo te sientes? ¿Te imaginas dejar de "machacarte" cada vez que cometes un error? ¿Te imaginas aceptando tu cuerpo a pesar de la barriguita, las canas o la cojera? ¿Te imaginas confiar en que hay cosas que haces de una manera especial? ¿Te imaginas que confías en ti mism@?... ¿Y te imaginas que de pronto empiezas a confiar en que pase lo que pase siempre encontrarás la manera de superarlo? ¿Quién te podría controlar entonces? Si fuéramos capaces de aceptar que lo que vivimos lo hemos elegido para aprender algo dejaríamos de enfadarnos con nuestras circunstancias e intentaríamos descubrir qué lección podemos extraer de ellas... Y si esto lo hicieras tú, y yo, y Luís, y Marta, y José, y Carmen, y David, y Paula... Quizás sí que entonces podríamos empezar a ver los cambios que todos esperamos que sucedan por arte de magia en nuestro entorno y en la sociedad en general...

No nos gusta como somos, no nos gusta como son los demás o ambas cosas... ¿Cómo queremos encontrar lo que buscamos si no dejamos de alejarlo de nosotros? Todos sabemos sentir amor, por poco que sea... Pues aferrémonos a él y alimentémoslo para que crezca. 

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