26 de abril de 2013

El sindrome del impostor...lo tienes?





Este concepto explica cómo en cada uno de nosotros confluyen 3 partes que contruimos al igual que capas de cebolla.


La primera capa sería "quien soy en realidad" y está conformada por mis valores, mis intereses, aquello que me distingue y me identifica. Esta parte no cambia con el tiempo y es el núcleo de nuestra "esencia", nuestro verdadero yo.

Pero a medida que vamos creciendo, y como resultado de la interacción con personas "mayores " o más sabias como nuestros padres, maestros, hermanos mayores o la sociedad, vamos generando otra capa por encima de esta de miedo, dudas y ansiedad. Observamos si lo que hacemos gusta o no y empezamos a adoptar comportamientos y hábitos que se corresponden más con esta capa de "quien temo ser" que con nuestro verdadero SER.

Nuestros padres, aunque de manera bienintencionada, se encargan de señalarnos nuestros fracasos o de mostrarnos aquello que no podemos hacer (siempre según su modelo del mundo) y nosotros adoptamos esas mismas creencias y valores para sentirnos aceptados. Nos hablan de una manera que hace que sintamos que hay "algo malo" en nosotros más que en nuestra conducta, con lo que terminamos identificados con quien "temo ser" olvidando quienes somos en realidad. Esa es la mochila de la que habla Dani Martin en su entrevista.

Esa duda y ese miedo así como la búsqueda de aprobación y cariño nos conducen lejos de las conductas que se corresponden con nuestros valores y creencias. Comenzamos a vivir como si esa capa intermedia del miedo y la duda fuera la real y nuestro sentido de valía personal se deteriora.

Pero nadie es tan tonto como para ir mostrando sus miedos y limitaciones en público así que construimos sobre ellos una tercera capa: "quien pretendo ser". Esta tercera capa es la que solemos utilizar en nuestra interacción con los demás. Nos volvemos fuertes para esconder nuestra vulnerabilidad por miedo a que alguien pueda hacernos daño. Escondemos nuestros miedos detrás del sarcasmo, de la autosuficiencia, para que los demás no vean aquello que nosotros no queremos que vean en nosotros, nuestra capa intermedia. Actuamos para la galería porque en el fondo lo que queremos es ser aceptados y causar buena impresión y no nos permitimos hablar de lo que queremos, lo que nos gusta, que está más cerca de nuestros valores por miedo a que eso pueda excluirnos.

Perdemos el contacto con nuestro centro y empezamos a creer que nuestro yo verdadero está en el anillo del medio, la imagen fruto del miedo y la inseguridad. Pero esta imagen no es real, es adquirida, y es nuestra responsabilidad volver nuestra conciencia de vuelta al centro, volver a conectar con quien realmente somos. Y eso empieza por cuestionarnos todas esas creencias limitativas que tenemos sobre nosotros mismos, cambiarnos de gafas para ver la realidad de lo que se esconde detrás de esos miedos o dudas.

Muchas de las personas que se acercan al coaching lo hacen movidas por el deseo de saber que es lo que quieren en la vida, ya sea a nivel personal o profesional. Esas personas se encuentran por ejemplo en profesiones que no les satisfacen pero a las que les cuesta renunciar porque no saben que otra cosa podrían hacer. Tanto hacer caso a lo que los demás esperan de ellos o a la imagen que se construyeron de ellos mismos durante la adolescencia les ha llevado a olvidarse de lo que en el fondo les gusta, lo que les motiva, lo que hace que su "corazón" vibre.

Pero esa capa central, el núcleo de nuestra esencia, sigue intacta esperando a que seamos lo suficientemente valientes como para volver la vista hacia ella.

Pensé “en la fuerza estará lo mejor”
me disfrace de uno que no era yo
buscando esa firmeza
llegué a un lugar negro
pensé que eso era el valor..el valor…

para decir mirarme ahora a la cara
este quien soy!

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