31 de marzo de 2013

Siempre renaciendo....





  • Morir para volver a nacer… naciendo como ya lo hicimos en nuestro primer día de vida, pero ya con la conciencia de lo que en realidad somos y qué venimos a hacer en este mundo! Porque en nuestro primer nacimiento llegamos con un potencial puro y total, pero con la inconsciencia e ingenuidad de cualquier bebé que llega al mundo para aprender a sobrevivir! Y es con la edad cuando, a través de este aprendizaje diario que es la vida, llegamos a descubrir lo que verdaderamente somos y eso nos confiere la sabiduría y experiencia necesarias para morir a lo que fuimos y volver a nacer a lo que somos en realidad y merecemos ser!

    Ese y no otro es el significado de la Semana Santa, aunque muchas gente se pierda en ceremonias y ritos folclóricos que representan la devoción religiosa a la pasión de Jesucristo. Y es quizás por ello que ha calado ese mensaje que considero peligroso y que ha transmitido la iglesia, que reza que esta vida es “un valle de lágrimas” y nada más! De ahí a la resignación ante el sufrimiento y la adversidad, sin hacer nada por evitarlo o, simplemente, sin hacer lo necesario para llegar a ser feliz…aunque para ello debamos morir -sí, con algo de sufrimiento, es verdad- para deshacernos de todo aquello que nos impide la felicidad! Deberíamos ser capaces de no incidir tanto en el sufrimiento y sí hacerlo en que éste es el camino de la renovación y, por tanto, de la felicidad!

    Dejar atrás lo viejo y conocido da miedo, es verdad! Adentrarse en lo desconocido y mágico de la vida, da también miedo, es verdad! Pero asumir, aceptar y resignarse ante el sufrimiento crónico es estar muerto en vida, es decir, no vivir lo que merecemos vivir! Asumir la infelicidad es renegar de la felicidad que tenemos derecho a vivir… aunque debamos vivir ambas, para elegir qué queremos para nuestra vida! Sufrir por sufrir es una manera masoquista y cruel de malvivir! Solo con sentido el sufrimiento se convierte en la puerta a la consciencia plena y a la siempre posible felicidad!

    No hemos llegado a esta vida para sufrir y demostrar nuestra tolerancia y paciencia ante el sufrimiento propio o ajeno, aunque alguien lo diga! En todo caso, hemos llegado aquí para sufrir y gracias a ello aprender a dejar de hacerlo y ser felices! Ya sé que es fácil decirlo…y no tan fácil admitirlo mientras estás sufriendo. ¿Conoces a alguien que no sufra por algún motivo u otro? ¿Crees que hay alguien exento de sufrir? Lamento decirte que el sufrimiento no es más que la resistencia a aceptar la realidad, aunque a veces ésta sea dura! Es humano sentir dolor por algo o alguien en nuestra vida…pero el sufrimiento es la prolongación artificial de ese dolor para rechazarlo, ignorarlo o evitarlo, cuando no encaja en nuestros planes y expectativas ante la vida!

    Pero cuando ese dolor se encapsula y se convierte en sufrimiento crónico, eso nos condena a vivir dolorosamente, en vez de buscar tras él la superación personal y el crecimiento! Lamentablemente conozco demasiadas personas viviendo resignadas a la infelicidad y sin valor de buscar su felicidad tras ella! Es más, durante demasiados años de mi vida yo era uno de ellos y, por tanto, me rodeaba de personas así, pues siempre me creí alguien con positivismo suficiente como para recordar la humana necesidad de luchar por la felicidad! Pero mi positivismo era artificial, era solo una actitud para sobrevivir, aunque mis palabras vacías y mi propia manera de vivir sirvieran de ejemplo para que ciertas personas recordaran su derecho a ser felices de nuevo, tras el dolor! Aunque también es verdad que muchas de ellas se equivocaron pensando que era yo quien les había traído la felicidad a sus vidas hasta entonces desdichadas…

    Nadie puede evitar tu dolor, es una emoción humana! Así como nadie puede cambiar tu sufrimiento voluntario y resignado por una felicidad crónica y completa! La felicidad está en tu interior… y, en todo caso, alguien que te quiera puede recordarte que está y siempre ha estado ahí! Eso es tal vez lo único que alguien puede hacer por ti, con amor! Pero el sufrimiento recuerda que no es más que una opción de vida y que vivirlo o no depende esencialmente de ti! Si buscas una razón para ser feliz fuera de ti, solo prolongarás el sufrimiento…

    No querría insistir que nuestro mundo y casi todo lo construido humanamente en él -incluidas las doctrinas religiosas- está basado en crear, mantener y prolongar nuestro sufrimiento, porque eso nos hace débiles y vulnerables ante los demás y todo lo que nos rodea! La sociedad es así… desde siempre! Pero, más allá de todo ello, está el derecho personal e irrenunciable a ser feliz… dejando de sufrir! Si miras atrás o a los demás, verás poca felicidad y demasiada resignación ante el sufrimiento! Si, en cambio, miras adentro, verás que al lado del dolor también hay alegría…y que muchas veces tu puedes eligir qué deseas sentir y vivir! La verdad es que ambos -dolor y alegría- son consustanciales al ser humano… pero eso no significa que debas evitar ninguno de ellos, pues ambos forman parte de ti… El día que descubres ésto y lo aceptas, te das cuenta de que todo en tu vida tiene su propio sentido… y que compartirlo con amor te hace feliz!

30 de marzo de 2013

LAS 7 PALABRAS


Durante las horas que estuvo clavado en la cruz, el Señor exclamó siete frases memorables que se han venido en llamar «Las Siete Palabras». Fueron sus últimas palabras. Con estas breves frases Jesús pronuncia el mensaje más profundo que se haya predicado jamás, una verdadera síntesis del Evangelio. Allí encontramos resumido lo más extraordinario del carácter de nuestro Señor y del plan divino para con el ser humano. El«Sermón de las Siete Palabras» ha inspirado innumerables predicaciones y escritos a lo largo de los siglos. J.S. Bach recoge en su emocionante Pasión según San Mateo el espíritu inigualable de este texto bíblico. También J. Haydn en el siglo XVIII compuso, por encargo, una obra muy apreciada sobre Las Siete Palabras en la que pone música a este memorable pasaje.

En esta reflexión al filo de la Semana Santa quiero compartir sólo un aspecto de «Las Siete Palabras» que, cuando lo descubrí, me impresionó y dejó en mí una huella indeleble. Se trata por supuesto de su contenido, pero en especial del orden en que Jesús pronuncia estas frases; a simple vista parece algo casual, pero un análisis detallado nos muestra cómo este orden es profundamente significativo porque refleja las prioridades del Señor y es un reflejo formidable de su carácter y de su corazón pastoral. Para mí, es en la cruz donde la belleza del carácter de Cristo alcanza su máximo esplendor. En la hora de la mayor oscuridad, sus palabras brillan como oro refulgente. Profundizar en estas «Siete Palabras» de Jesús me ha ayudado a amarle más a él y ha moldeado mi acercamiento hacia las personas, en especial las que sufren, a lo largo de mi vida.

El corazón pastoral de Jesús en la cruz

La sensibilidad de Jesús hacia su prójimo, su amor y preocupación por los que estaban a su lado, alcanzan en estas frases un clímax apoteósico. Lo más natural en las horas previas a una muerte por condena es que la persona se concentre en sí misma, en sus pensamientos y emociones, alejándose de su entorno en un proceso de ensimismamiento tan lógico como comprensible. Incluso cuando esta muerte es por enfermedad, todos entendemos que el centro no son los demás, los que le acompañan, sino aquel que está a punto de partir. En la cruz ocurre exactamente lo contrario: Jesús se olvida de sí mismo y de sus necesidades (que expresará más tarde) y se concentra en los que están con él, no importa que sean sus enemigos los que le estaban torturando , unos simples desconocidos los malhechores o un ser tan amado como su madre. Para todos tiene las palabras justas que necesitaban. A cada uno de ellos el Señor le habla conforme a su necesidad tal como se profetizó 400 años antes: «El Señor me dio lengua de sabios para saber hablar palabras...» (Is. 50:4).

Nunca nadie ha tenido una demostración tan grande de amor en la hora de la muerte, un corazón pastoral tan genuino. Pero el Buen Pastor(Jn. 10:7-21), el Príncipe de los Pastores (1 P. 5:4) murió pastoreando. Las palabras de Jesús en la cruz contienen como un tesoro comprimido la esencia del carácter divino y del Evangelio: su profundo amor hacia todos sin excepción, su sensibilidad exquisita hacia los que sufren, su sabiduría para hablar a cada uno según su necesidad. En las tres primeras frases «palabras» Jesús muestra una preocupación intensa por los que estaban cerca de él, todos aquellos que en aquella hora de angustia y dolor supremo eran su prójimo. A cada uno de ellos le da la palabra que más necesitaba:

Palabras de perdón a sus enemigos

«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc. 23:34).

Jesús muere perdonando. Todo el acto salvífico en la cruz simbolizaba el perdón divino (Jn. 3:14-15). Pero era conveniente hacer explícito este perdón con palabras claras, audibles, contundentes, con una fuerza emocional arrolladora y una autoridad espiritual definitiva. Al exclamar «Padre, perdónalos...», Jesús verbaliza el sentido de su venida a este mundo. De hecho el nombre Jesús significa precisamente «él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt. 1:21). La petición de perdón no se refería solamente a los que de forma directa le estaban humillando los soldados y autoridades religiosas, sino a todo ser humano (como nos describe con detalle el impresionante cántico de Isaías 53).

En la cruz, Jesús nos enseña que el perdón puede ser unilateral, no requiere dos partes a diferencia de la reconciliación. Yo puedo y deboperdonar aunque mi ofensor no me haya pedido perdón. Esteban, bajo la furia de las piedras que lo estaban matando, fue el primero en imitar de forma modélica a su Maestro y Señor (Hch. 7:60). Nosotros somos llamados a hacer lo mismo.

Palabras de salvación a unos malhechores

«De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc. 23:43).

Jesús murió acompañado de dos desconocidos. Probablemente nunca antes estos dos malhechores habían cruzado palabras con el Señor. La historia es conocida: a las puertas de la muerte, uno de ellos tiene temor de Dios y le ruega a Jesús: «Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino» (Lc. 23:42). La respuesta es tan inmediata como clara. Jesús le da aquello que más necesitaba en aquel momento: esperanza, la esperanza que nace de la salvación en Cristo y que sería para él «un fortísimo consuelo» (Heb. 6:18) en las interminables horas de martirio que iban a seguir.

Por cierto, la actitud de Jesús, llena de misericordia, nos recuerda que es posible ser salvo in extremis si de veras se invoca al Señor de todo corazón, desde lo profundo del alma y con humildad, tal como hizo el ladrón en la cruz.

Palabras de protección a su madre

«Cuando Jesús vio a su madre... dijo al discípulo (Juan): He aquí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» (Jn. 19:26-27).

Es bien significativo que las últimas palabras de preocupación y cuidado por un ser humano que Jesús pronuncia en esta tierra sean para su madre. Es la rúbrica final a una vida pensando siempre en los demás y en cómo servirles. Jesús no podía olvidar a su madre en esta hora de dolor lacerante para ella; el corazón de María estaba destrozado por la agonía de su hijo, desolada por un final tan trágico. Además, María casi con toda seguridad era viuda ahora, por lo que quedaba en una situación de desamparo. Pero el Señor, el pastor por excelencia, no podía descuidar su deber de «honrar a padre y madre» (Mt. 19:19).

¡Cuán divino y cuán humano al mismo tiempo! La espiritualidad expresada en una profunda preocupación por lo humano. Este último acto amoroso de Jesús nos recuerda que la verdadera espiritualidad nos hace siempre más humanos. La primera evidencia de que amamos a Dios (nos recuerda el mismo Juan en su primera epístola) es amar al hermano que tenemos al lado Y el pastor debe empezar su pastoreo en su propia casa. Por ello Jesús encomienda el cuidado de su madre a su amigo y discípulo amado, el sensible y tierno Juan, aquel que «estaba recostado al lado de Jesús» (Jn. 13:23). Juan cumplió de forma inmediata la petición y «desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa» (Jn. 19:27).

Las necesidades propias, al final. «Después de esto, Jesús dijo...»:

«Tengo sed» (Jn. 19:28)
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt. 27:46)

¡Cuán significativa la expresión con que Juan prosigue el relato: «Después de esto….» (Jn. 19:28). Hasta aquí hemos visto cómo aún en la hora misma de la agonía, Jesús se dio y sirvió, pensó antes en los demás que en sí mismo, buscó colmar las necesidades de su prójimo, tanto espirituales (la salvación y el perdón) como humanas y terrenales (la protección de su madre viuda). Sólo «después de esto», es decir, tras esta genuina manifestación de su corazón pastoral Jesús expresa sus propias necesidades:

físicas: «tengo sed».
emocionales y espirituales: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?». La soledad y el sentimiento de lejanía del Padre marcan el máximo dolor de Jesús. No hay mayor infierno que la separación de Dios. Jesús sabía que este momento era inevitable (profetizado ya en el Salmo 22) porque el Padre no podía tener contacto con el pecado que el Hijo estaba llevando en aquel acto vicario.
El más grande sermón que se haya predicado nunca termina con una frase llena de serenidad, de confianza y de esperanza:

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc. 23:46)

Todo hijo de Dios puede tener esta misma actitud en la hora de la muerte, la certeza de que nuestro espíritu pasa a las manos del Padre amante que nos recibirá con gozo en su gloria. Ello es posible porque Jesucristo en la cruz pudo concluir su sermón con la séptima y última palabra, la que lo sellaba todo: «Consumado es» (Jn. 19:30).



EL ENCUENTRO CON UNO MISMO







La vía de la evasión es la vía de las justificaciones falaces, las componendas y composturas, los subterfugios y pretextos. Es la vía del autoengaño, del escapismo, la huida, el desencuentro. Aparentemente es consoladora y parece aliviar el dolor, pero a la larga se paga un coste psíquico elevadísimo. No se puede estar siempre jugando al escondite con uno mismo. Hay dificultades fuera y dentro de nosotros y hay que tratar de abordarlas y hasta donde sea posible resolverlas y eso sólo puede conseguirse enfrentándose a ellas y no ignorándolas. Pero hay que ser muy hábil en ese enfrentamiento para no generar tensión innecesaria, oposición frontal que intensifique las dificultades.


Es necesario ver y no retirar la vista, porque es el modo de superar las complicaciones. Cuando uno ve, toma conciencia de lo que es y procede con madurez y responsabilidad. Lo que es sigue existiendo aunque uno se niegue a verlo. Ver con la mente muy atenta, sin juicios ni prejuicios, tratando de contemplar lúcidamente el objeto de la visión, es esencial y coopera en la conquista de la madurez emocional. De ese modo podremos ver cara a cara a nuestros enemigos internos y tratar de disiparlos o transformarlos; tomaremos así conciencia de nuestros embustes y autoengaños, celos y temores, apegos y aversiones. Ver lo que es fuera o dentro de nosotros no es tarea sencilla, porque muchos condicionamientos tienden a distorsionar nuestra visión o porque nuestros automatismos nos orientan hacia lo fácil, que es no darse cuenta e ignorar para no tener que esforzarnos en resolver un conflicto o superar un impedimento. Una mente que se oculta la realidad interior o la exterior, no puede madurar y seguira acumulando conflictos inconscientes.


Para ver las cosas como son, dentro y fuera de nosotros, se requiere un largo aprendizaje, coraje y madurez. Toda vía hacia la realización de sí pasa por el autoconocimiento, que es encuentro con uno mismo. Hay que modificar actitudes internas y a veces situaciones externas, poniendo así los medios para avanzar por la senda de la madurez psiquica y permitir que se desencadenen nuestros mejores potenciales animicos. No puede haber crecimiento psiquico a traves del enmascaramiento y de la huida, por muy hiriente que pueda resultarnos el proceso de desenmascararnos y conocernos. Hay muchas cosas que tal vez no queramos ver en nosotros, pero habra que hacer un esfuerzo de conciencia y voluntad para comenzar a descubrirlas. Hay fuerzas muy poderosas que pueden operar a nuestro favor siempre y cuando les permitamos que surjan y no las sigamos reprimiendo o saboteando. Al ir poniendo los medios para hallarnos a nosotros mismos, tenemos que evitar los prejuicios, tanto aquellos que nos llevan a menospreciarnos como los que nos inducen a justificarnos.


La sinceridad con uno mismo es necesaria, así como el firme anhelo de búsqueda interior. Al ir descubriendo nuestro yo mas genuino, podremos tender puentes fructiferos hacia el yo de los otros. No nos vemos porque tenemos vernos; no nos buscamos, porque nos hemos acomodado a un "equilibrio" tan precario como ficticio, pero que nos ofrece una muy falsa seguridad. Nuestras mejores energías internas permanecen muchas veces aprisionadas porque ni siquiera les brindamos una oportunidad para que afloren y vamos recurriendo a todo tipo de autodefensas narcisistas que sólo nos permiten ver nuestro yo idealizado pero no nuestro yo real.



Una de las mas bellas y aleccionadoras narraciones místicas de la India es la del ciervo almizclero. Es propio de estos animales exhalar un penetrante perfume que brota de su interior y que se esparce amuchos metros alrededor:

"Esta es la historio de uno de estos ciervos que cuando se hizo adulto comenzó a oler el embriagador perfume. ¿De donde provenia aquel maravilloso olor? Empezó a buscarlos fuera de sí, pero no era capaz de hallar su origen. Se dirigía de uno a otro lado, incansablemente, ignorante del origen de tan penetrante aroma. Asi fueron transcurriendo los años de su vida y en las postrimerías de la misma, ya agonizando, el pobre animal se preguntaba todavía de dónde surgía ese olor maravilloso".





Reflexión
Mirarse con los ojos del alma y descubrir lo que realmente es uno puede llevarnos a romper con esa forma de vivir a la que estamos tan acostumbrados. Pero es la única manera para reconciliarse con uno mismo y acceder a otros niveles de existencia, porque nuestro corazon nunca es ajeno a la verdad y busca realizarse en la plenitud de nuestro yo divino.
Es nuestro destino profundizar en el interior de nosotros mismos para conseguir vivir en la realidad del amor.


"Soy hija del sol y mi naturaleza es brillar"

*LA TEMPLANZA*




Una de las raíces negativas más profundas en el ser humano es la ira. Es una tendencia innata que puede tomar caracteres e intensidades muy diversas. Es una de las zonas más oscuras de la mente, del mismo modo que la templanza o mansedumbre lo es de las más iluminadas.

El desarrollo de la templanza o mansedumbre no es fácil, porque tampoco lo es ir desenraizando la tendencia de agresividad, encono, resentimiento, ira y malevolencia. La reacción mecánica y aprendida del ser humano ante todo aquello que no le place, le disgusta, le contraría, le es adverso, lo experimenta o interpreta como amenazante, es siempre la ira en un grado más o menos intenso, que a veces sólo es irritabilidad pero otras se convierte en furia, rabia o cólera destructiva.

No hay persona que no pueda experimentar en un momento dado algún tipo de ira o rritabilidad, pero unas ceden a ella y se identifican con la misma, incluso perdiendo el juicio, y otras, sin embargo, son capaces de no dejarse arrebatar por ella y de diluirla o dejarla pasar.

Hay un cuento muy significativo:

"Un hombre padecía acceso de incontenible cólera. Le aconsejaron que visitara a un sabio que vivía en la cima de una colina para ver qué podia recomendarle para superar la ira. El hombre colérico fue a visitar al sabio y le puso al corriente de lo que le sucedía. El sabio le dijo:

-Pero ahora no tienes ira. Quiero ver tu cólera para saber así qué debo aconsejarte. Cuando sientes ira, ven a visitarme.

Unos días después, el hombre fue arrebatado por la ira. Acudió a visitar al sabio, pero ya se le había pasado la cólera, y el sabio le dijo:
-Necesito ver tu ira. Ven más rápido cuando te vuelva.

El hombre sintió ira al día siguiente y se apresuró a visitar al sabio, pero cuando llegó a la cima de la colina, la ira se habia marchado. El sabio le dijo:
-Asi no puede ser. Quiero ver tu ira. Cuando te vuelva a invadir, visitame enseguida.

Unos días después, en un acceso de ira, el hombre salió corriendo hacia la cima de la colina, pero por mucho que corrió, cuando llegó allí la ira habia desaparecido. Entonces el sabio le dijo:
-¿Lo ves? La ira no eres tú. Va y viene, como una ola, pero pasa. Trata de que no llegue a arrebatarte. Mírala surgir y desaparecer, pero no te dejes llevar por ella".


Mediante la vigilancia consciente podemos aprender a desligarnos de cualquier estado pernicioso de la mente y, por supuesto de la ira.
Una de las zonas iluminadas de la mente, que todos deberíamos actualizar en alto grado para conseguir vivir sin ira entre los airados, es la templanza o mansedumbre, que no es, ni mucho menos, debilidad, sino por el contrario la fuerza maravillosa que residen en la resistencia pasiva, el sosiego, el ánimo estable, el dominio de sí y la lucidez que nos hace entender que todo lo que se deriva del acceso de ira es nocivo para uno mismo y para los demás.

La templanza representa un estado anímico de sosiego,inalterabilidad, actitud mansa, firmeza desde el equilibrio y la visión clara, firme determinación sin cólera ni irritabilidad. La comprensión lúcida de los acontecimientos, el sano control de uno mismo, la capacidad para aceptar las cosas y saber adptarse, la superación del ego excesivo, la ecuanimidad, la integración psicológica, la madurez emocional, el afecto y el interés por los otros, las respuestas anímicas correctas y no desmesuradas, la conquista del desapego que sitúa a la persona en un punto de equilibrio entre el apego y la aversión, la autovigilancia y la propia observación cooperan en el desarrollo de la templanza y la mansedumbre. La ira dispersa energías, altera, perturba e incluso enferma, en tanto que la templanza fortalece, nos llena de energía, nos hace consistes y aún más firmes en nuestras razonables determinaciones. La ira distorsiona el entendimiento; la templanza lo limpia y equilibra. Pero como la fuerza de la aversión es notable en todas las personas y se alimenta del hábito y las conductas aprendidas, es necesario vigilarse bien para aprender a desligarse de las corrientes de ira y suscitar, fomentar y desarrollar el don de la templanza.


La reflexión lúcida y consciente también es un factor muy importante para la superación de la ira y el cultivo de la templanza. La ira también surge por frustraciones que pueden asimilarse con el desarrollo de la conciencia y la madurez interior, mediante la comprensión de que la vida está salpicada de inevitables frustraciones y no todas las condiciones pueden reorganizarse de tal modo que siempre nos favorezcan o que podamos alcanzar todo lo que nos propongamos. Asi como la ira nos hace ofuscados, crueles e incluso brutales la templanza nos hace calmos, comprensivos y fuertes.

Hay que empeñarse en el desarrollo de pensamientos mansos, palabras sosegadas y actitudes armóncias. Del mismo modo que la ira se ha aprendido, es posible desprenderse de ella para ejercitar la mansedumbre. No cabe duda de que cuanto más compasiva sea la persona, menos se dejará arrastrar por su ira, pues su propio sentimiento compasivo le prevendrá para no dañar a las otras criaturas ni a sí misma.


Uno de los grandes aliados de la templanza es la ecuanimidad, porque la persona guiada por esta zona iluminada de la mente tiene mas capacidad para ver los diferentes lados de la cada situación y proceder con mayor equilibrio y cordura.

Cuando la persona va madurando emocionalmente y resultando psiquicamente más armónica, su corazone se llena de paz y no hay lugar para el feo e innoble sentimiento de la ira que nos roba el juicio claro y desencadena la brutalidad en pensamiento, palabra o acción. El condicionamiento de la ira se va desparendiendo y la persona se identifica con esas palabra de Gandhi, cuando declaraba que la no violencia es para el valiente y no para el cobarde.





Reflexion

Paciente, flexible, sereno,calido, ...Templo Interior...Templanza. Esta virtud nos ayuda a vivir nuestro nacimiento divino a traves de las vicisitudes a que nos enfrentamos en el proceso del despertar, y nos guia en la busqueda de la verdad, como una espada templada por el fuego, hasta encontrar el punto del justo equilibro en el que el filo de nuestro espiritu sea uno solo e indivisible.
Encontrar ese punto exacto, es templar el alma, es acumular luz y fuerza interior para alcanzar el amor verdadero.

29 de marzo de 2013

Las Enfermedades Mentales Y Corporales Se Reflejan En La Manera De Hablar.


¿Quién eres realmente?. ¿Eres una alma vieja?




En términos generales, todos somos almas viejas, pero algunos de nosotros hemos estado aquí más tiempo que otros. Así que, ¿cómo puedes saber si tienes un alma vieja? 
1- Entiendes muchas de las más profundas lecciones de la vida Para algunas personas, es difícil imaginar que el alma de un niño puede ser mucho mayor que el alma de sus padres. Para estas personas en particular, esta es una señal de que su alma pudiera ser más joven que la suya. Una vez que comprendas que el tiempo, el espacio, la energía y la materia son productos tridimensionales, la teoría del tiempo se vuelve irrelevante, por lo que la teoría de la edad de tu alma también se vuelve irrelevante.
2- Estás en contacto con tus habilidades naturales o tiene un gran interés en estas habilidades Algunas personas nacen con dones innatos, como la capacidad de sanación especiales o capacidades psíquicas. La verdad es que todos poseen estas habilidades, pero un alma más vieja está más en consonancia con la forma de acceder y aplicar estas habilidades en nombre de la humanidad. Si no tienes ninguna habilidad especial, pero un gran interés en ella, esto no es más que tu alma tratando de recordar estas habilidades que podrías haber tenido en una vida anterior.
3- Te vuelves consciente espiritualmente Todo el mundo es pura conciencia, pero muchas personas tienen dificultades para entender lo que esto significa. Tu alma es conciencia pura y amor. Tiene una comprensión única de cómo la matriz está siendo manipulada en este planeta y comprendes que todo lo que hacemos como humanidad contribuirá a facilitar el despertar de los demás.
4- Entiendes la importancia del perdón Algunas personas son almas viejas que todavía tienen mucho que aprender porque están atrapadas en el interior de la caja con sus ideologías, son tercos o no han aprendido la importancia del perdón. Al perdonarnos a nosotros mismos y a otros, podemos liberar el karma entre estas personas.
5- Eres capaz de trascender el ego Es casi imposible que alguien pueda trascender completamente el ego el 100% del tiempo, pero simplemente ser conscientes de nuestro ego y cómo éste juega en contra de la conciencia de unidad es una señal definitiva de un alma vieja.
6- Eres capaz de trascender el materialismo El dinero y el materialismo son producto de esta realidad tridimensional y es fácil sucumbir al materialismo. Un alma más vieja se da cuenta de que el dinero es inexistente en el otro lado y por lo general nos aleja de lo que realmente somos como seres espirituales. Aquellos que son almas viejas generalmente, utilizarán el dinero como una herramienta para ayudar a facilitar su progreso espiritual. También pueden usar su dinero para ayudar a otros que son menos afortunados.
7- Eres capaz de entender el concepto de que tu cuerpo es un estuche de tu alma Antes de que nacieras, no sólo escogiste a tus padres, también elegiste tus situaciones de vida y los desafíos que contribuirían a facilitar tu crecimiento espiritual mientras está expiando cualquier karma anterior.
8- El cuerpo que ocupas actualmente es simplemente un recipiente para el alma. Tienes una comprensión de lo que necesitas hacer para completar tu progreso espiritual. Sólo con llegar hasta aquí, estás más despierto que la mayoría de la gente en este planeta. Tienes una comprensión de las leyes universales y lo que queda por hacer en tu contrato del alma. Incluso si no estás seguro de esto, tu ser superior y guías espirituales continuarán llevándote en la dirección correcta.
9- Tienes un fuerte sentimiento de que el hogar no es la Tierraa)¿Alguna vez miraste al azar el cielo y te quedaste viendo a una estrella desconocida sin ninguna razón en particular?
b) ¿Tiene una conexión especial con sistemas estelares específicos, como las Pléyades o el Cinturón de Orión?
c) ¿Las guerras y la corrupción te hacen sentir incómodo, como si no existieran en el lugar de donde originalmente viniste?
d) ¿Eres una de las almas que se ofrecieron de voluntarias para venir aquí a este punto específico en el tiempo para ayudar con la ascensión de la Tierra?
Si contestaste sí a alguna de estas preguntas, entonces es probable que la Tierra no sea tu planeta de origen.
10- Tiendes a ser una persona solitaria La persona solitaria a menudo es condescendiente, pero en realidad estas almas viejas están buscando otros fragmentos de sí mismos y con frecuencia se alejarán de las almas más jóvenes que necesitan más encarnaciones en un planeta tridimensional. Las almas más viejas buscarán a otras personas de igual mentalidad, porque hay una comodidad y familiaridad con este tipo de personas que van a ayudar a facilitar a los demás la progresión espiritual.
11- Tienes una naturaleza rebelde Ya sea que te rebeles contra la religión, las leyes o cualquier otra cosa, esto es una señal de que el alma conoce las leyes únicas verdaderas... las leyes del Universo.
12- Tienes un deseo ardiente de alcanzar la verdad y la sabiduría interior Muchas almas viejas pueden ver fácilmente las mentiras que nos han enseñado a través de la religión, la política y a través de nuestros centros educativos. Si bien se dan cuenta que todos somos uno con el universo, también quieren la verdad expuesta, para ayudar a otros en su proceso de despertar.
13- ¿Sientes una separación entre tú y el "mundo real"? Al trascender el ego y el materialismo, te encuentras viviendo un estilo de vida diferente. Si bien esta forma de vida es única a tu encarnación actual, parece haber también un conocimiento de la dirección a la que te diriges.
14- Eres curioso acerca de si eres un alma vieja o no Muchas almas jóvenes no harían esta pregunta ni mucho menos se preocuparían por ello. Mientras que muchas almas viejas tampoco se preocupan, por diferentes razones, simplemente "saben" que son almas viejas, pero es bueno tener afirmaciones que coincidan con su progreso espiritual.
Muchos de los que han despertado probablemente se trasladarán a su próximo nivel de evolución espiritual. Es importante recordar que esta no es una carrera, porque al final, todos ganamos.
¡Disfruta cada milisegundo en esta encarnación porque esta puede ser la última vez que vas a experimentar una realidad tridimensional!

Confesiones de un Buscador " de Si Mismo"




ES NUESTRA LUZ Y NO NUESTRA SOMBRA LO QUE MAS MIEDO NOS DÁ.

Esta afirmación de Anthony Robbins, uno de los gurús más importantes y reconocidos del desarrollo personal en todo el mundo, siempre me había llamado la atención, porque rompía todos los esquemas de la lógica…
¿Por qué nuestra Luz nos da más miedo que nuestra Oscuridad?  No es razonable ¿No? Hasta esta mañana no la había podido  comprendido en toda su profundidad.
Cuando me he despertado, con el estómago encogido y un fuerte dolor en la parte frontal de la cabeza, como viene siendo habitual en los últimos días, no dejaba de preguntarme a mí mismo el porqué de esta reacción psicosomática tan fuerte –exagerada diría yo- a pesar de que es evidente que el tema es importante para mí para mi futuro.
Y además, ahora que me he reconciliado con mis padres y que cuento con la fuerza de mis ancestros y de todos vosotros… ¿Por qué ese tanto miedo y desconfianza?
Ayer por la noche, después de hablar contigo, repasaba el capítulo del libro del Caballero de la Armadura Oxidada, cuando el protagonista ha de enfrentarse a su penúltima prueba, el Castillo de la Voluntad y la Osadía, después de haber vencido en los castillos del Silencio y del Conocimiento.
Un enorme y poderoso dragón, el Dragón del Miedo y la Duda, mayor que ningún otro que el caballero haya enfrentado antes –y que además lee el pensamiento-  le cierra el paso en el puente levadizo y le chamusca repetidamente lo que le queda de su armadura, sin inmutarse lo más mínimo ante la determinación del héroe de avanzar.
Entonces, Sam, su Verdadero Yo, le dice que el fuego del dragón quema solo porque él cree que éste es real, pero que en verdad el dragón es sólo una ilusión, aunque muy convincente.
Finalmente, en un último intento, el Caballero avanza con resolución y esta vez el fuego ya no le quema, y a su paso el dragón empequeñece hasta el tamaño de una sapito inofensivo…
Mientras yo iba despertándome yo no dejaba de repetirme a mí mismo la frase del libro: “El Miedo y la Duda son una ilusión.”  Pero la verdad es que no conseguía tranquilizarme demasiado…
Reflexionando, recordé que había sufrido esto mismo cuando esperaba noticias de mi novia rusa, saber si vendría o no a vivir conmigo; también cuando me enfrentaba a mi examen práctico de conducir, y cada vez que en mi vida he estado pendiente de conseguir algo bueno e importante para mí. Los mismos dolores de cabeza, las cervicales agarrotadas o el estómago encogido, el no poder dormir bien, el no tener apetito…
¿Por qué tanto sufrimiento..?
Repasando tus artículos sobre la matrisiestralidad y las verdades y mentiras del amor, la madre siniestra y la nefasta y permanente influencia que ésta tiene en la vida de tantas personas… dí con la clave.
Está claro! Mi miedo y mi duda son una ilusión! La ilusión del terrible desengaño que sufrí cuando era un niño, incapaz de conseguir el amor de unos padres que no podían dármelo más que en pequeña medida, porque apenas tenían amor para sí mismos…
Y por ese motivo me declaré a mí mismo inmerecedor de todo lo bueno de la vida. En aquel momento yo no podía entender que mis padres eran como eran, no podían ser perfectos, no podían darme el amor que yo quería, y me odié a mí  mismo por ello…
Por resentimiento a mi madre reprimí mi Imagenparte femenina y me encerré en mí mismo. Y cargué además con el dolor de mis hermanos abortados, a los cuales ni siquiera se les dió la oportunidad de nacer.
Esa es la ilusión que he estado viviendo y padeciendo hasta ahora, durante toda mi vida…
La ilusión del terrible desengaño de un niño inocente ante la falta de amor de sus padres, del enorme dolor que me produjo, y eso se mantiene vivo en mí, porque mi madre siniestra me considera no-merecedor de nada bueno, y cada vez que yo tengo la posibilidad de conseguir un trabajo estable y prosperidad, el amor de una mujer, o cualquier otro don que merezca la pena, surge de la oscuridad esa figura tiránica del niño que siente que no merece nada bueno y el dolor de su herida brota como si ésta fuera un volcán en erupción, y ello arrasa con la mejor de las intenciones para conmigo mismo.
Dios mío, que profunda es la herida que llevo en mi corazón! Hasta este momento no había tomado conciencia de ello en toda su dimensión.
Es mi Luz, mi Automerecimiento, mi Sueño Manifestado en la Realidad de un Manuel que ha triunfado en la vida, que es próspero, que ama y es amado, lo que más miedo produce a ese Niño Herido que llevo dentro, porque choca frontalmente con el sentimiento de autodesprecio que lleva en su corazón, y que se pregunta:
¿Pero de verdad es posible que yo triunfe, que prospera y sienta amor, de verdad puede ser eso posible?
Es cierto que el Dolor es un gran maestro que nos lleva a conocernos en lo más profundo a nosotros mismos. Ahora sé más de mí mismo.
Creo que ahora que sé todo esto, estoy por fín más tranquilo, porque puedo entender el origen y la causa reales del miedo y las dudas que me atenazan estos días, y puedo también relajarme un poco y confiar más en la Vida, en su bondad, porque nunca me ha dejado en la estacada, y también en la legitimidad de mis aspiraciones.
Solo me queda una última reflexión: Si fuera capaz de transmutar en positivo la poderosa fuerza de mi miedo, y ponerla a mi servicio, no encontraría nada en la vida que pudiera resistírseme.

28 de marzo de 2013

"Las fortalezas son los ingredientes psicológicos que definen las virtudes".



Las virtudes y fortalezas humanas


Las fortalezas del carácter
Las fortalezas del carácter son un conjunto de rasgos positivos presentes en el ser humano que ayudan a que las personas tengan vidas satisfactorias. Su estudio forma parte de la psicología positiva, cuyo objetivo principal el promover el potencial humano centrándose en el estudio de aquellas experiencias que aportan a las personas una sensación subjetiva de bienestar, así como el estudio de los rasgos positivos individuales y el estudio de las instituciones que permiten que tengan lugar las experiencias y los rasgos positivos.
Para desarrollar esta clasificación, un grupo de psicológicos estudió durante tres años diversos textos de diferentes culturas sobre filosofía, religión y piscología y encontraron seis virtudes principales que se repetían de manera consistente en dichos textos. Cada una de esas virtudes está a su vez formada por diversas fortalezas, sumando un total de 24. "Las fortalezas son los ingredientes psicológicos que definen las virtudes".


La clasificación de las virtudes y fortalezas

1.Sabiduría y conocimiento
2.Coraje
3.Humanidad
4.Justicia
5.Templanza
   6.    Transcendencia


1. Sabiduría y conocimiento
Son las fortalezas cognitivas que implican la adquisición y el uso del conocimiento. Se trata de aquel conocimiento usado de un modo positivo.
Creatividad. Consiste en pensar en modos nuevos y productivos de ver y hacer las cosas.
Curiosidad. Es el interés por la experiencia nueva, la apertura a la experiencia, la búsqueda de lo novedoso, explorar, descubrir y sentir fascinación por las cosas que nos rodean.
Juicio, pensamiento crítico. Pensar las cosas en detalle y examinarlas desde todas las perspectivas, sin sacar conclusiones precipitadas; ser capaces de cambiar de punto de vista ante la evidencia, evaluar las diversas posibilidades.
Deseo de aprender. Tendencia a adquirir nuevos conocimientos de manera sistemática.
Perspectiva (sabiduría). Ser capaces de ofrecer un consejo acertado a los demás.

2. Coraje
Implican la voluntad para alcanzar los objetivos a pesar de la oposición tanto externa como interna.
Valentía. No amilanarse por las amenazas, los retos, las dificultades o el dolor; defender lo que consideras correcto incluso aunque tengas la oposición de otros, actuar siguiendo las propias convicciones aunque impliquen críticas de los demás.
Perseverancia. Acabar lo que empiezas, persistir a pesar de los obstáculos.
Integridad. Autenticidad, honestidad. Comportarse de manera sincera, haciéndose responsable de los propios sentimientos y acciones.
Vitalidad. Encarar la vida con energía y entusiasmo, vivir la vida como una aventura, sentirse vivo y activo.

3. Humanidad
Son las fortalezas que implican cuidar de los demás y ser amistoso.
Amor. Valorar las relaciones cercanas con otros, sentir cercanía con otras personas.
Amabilidad. Ser generoso, compasivo, altruista, agradable con los demás, cuidar de ellos, ayudarles, etc.
Inteligencia social. Capacidad para darse cuenta de los motivos y sentimientos de los demás y de uno mismo, saber qué hacer para encajar en diferentes situaciones y qué cosas son importantes para los demás; empatía.

4. Justicia
Son las fortalezas que ayudan a llevar una vida en comunidad saludable.
Trabajo en equipo. Responsabilidad social, trabajar como miembro de un equipo, hacer la parte que te corresponda y ser leal al grupo.
Sentido de la justicia. Tratar a los demás de manera justa, sin dejar que los sentimientos personales nos hagan ser imparciales, dar a todos una oportunidad justa.
Liderazgo. Animar al propio grupo a hacer las cosas, manteniendo buenas relaciones entre sus miembros, organizar actividades de grupo que se lleven a cabo.

5. Templanza
Son las fortalezas que nos protegen contra los excesos.
Perdón. Ser capaces de perdonar, aceptar los defectos de los demás, no ser vengativo.
Humildad. No considerarse por encima de los demás, dejar que nuestros actos hablen por sí mismos.
Prudencia. Tomar decisiones con cuidado, sin asumir riesgos indebidos, no decir o hacer cosas de las que luego te vayas a arrepentir.
Auto-regulación o autocontrol. Ser capaces de regular lo que haces o sientes, ser disciplinado, controlar las emociones e impulsos.

6. Trascendencia
Fortalezas que sirven para formar conexiones con un universo más amplio y aportan significado.
Aprecio por la belleza y la excelencia. Notar y apreciar la belleza, la excelencia y el talento, ya sea en la naturaleza, arte, ciencia o la vida diaria.
Gratitud .Ser consciente de las cosas buenas que te pasan y estar agradecido por ellas. Expresar esa gratitud.
Esperanza. Esperar lo mejor del futuro y trabajar para alcanzarlo.
Sentido del humor. Reír, gastar bromas, hacer reír a los demás, ver el lado positivo.
Espiritualidad. Creer en un significado y propósito de orden superior, saber donde encaja uno dentro de un esquema más amplio, tener creencias sobre el significado de la vida que proporcionan paz y guían la conducta.


El pensamiento crítico







Ser capaz de utilizar un pensamiento crítico significa que piensas por ti mismo, que no aceptas las ideas y opiniones de los demás simplemente porque lo dicen ellos, lo dice la mayoría o lo dice la sociedad, sino porque has pensando en ello, conoces los argumentos a favor y en contra y has tomado tu propia decisión respecto a lo que consideras verdadero o falso, aceptable o inaceptable, deseable o indeseable.
Por supuesto, tener un pensamiento crítico no significa llevar la contraria a todo el mundo o no estar de acuerdo con nadie jamás, pues eso tampoco sería un pensamiento crítico, sino tan solo un modo simple de pensar que se limita a quedarse con lo contario de lo que piensen los demás.
Cómo usar un pensamiento crítico
1. Escribe tus ideas iniciales acerca de un tema concreto que deseas analizar.
2. Busca otros puntos de vista e idas diferentes, ya sea preguntando a las personas que conoces, buscando información en internet o abriendo algún tema de discusión en algún foro de la red.
3. Conoce las opiniones de expertos en ese tema.
4. Analiza los diferentes puntos de vista, ideas y opiniones. Puedes crear un gráfico con las ideas a favor y en contra. Luego compara estos puntos de vista con tus ideas iniciales.
5. Con toda esa información, decide por ti mismo cuál crees que es el punto de vista u opinión más acertado o razonable.
A menudo, este punto de vista suele ser una combinación de las ideas e información que has recopilado. Si comparas tu nuevo punto de vista con tus ideas iniciales, verás que ahora tienes una opinión más sólida, con mayor riqueza de contenido, más profunda y que además te resulta más fácil de defender porque has profundizado en ella, tienes las ideas más claras y suficiente información y conocimiento del tema como para defender tus ideas si es necesario.
Mantén siempre cierto grado de flexibilidad y apertura a nuevas ideas que no has tenido en cuenta en tu análisis, pues la conclusión a la que has llegado no tiene por qué ser definitiva, aún puede enriquecerse y modificarse con nueva información. Tener un pensamiento crítico no significa que tus ideas sean rígidas e inamovibles, sino tan solo que piensas por ti mismo y sacas tus propias conclusiones.
Ten también en cuenta que una persona puede pensar por sí misma y tener una opinión propia prácticamente de cualquier cosa, incluso de aquello de lo que no tiene ni el más mínimo conocimiento. Esto no es usar un pensamiento crítico, sino más bien usar la imaginación para inventar opiniones sin fundamento alguno. Este es un modo de pensar que, en vez de enriquecerte, te empobrece, porque no te estás basando en la realidad para sacar conclusiones, sino tan solo estás fingiendo que sabes algo que en realidad no sabes. Si no conoces nada del tema es preferible que adoptes la opinión de alguien que sí parece tener conocimientos antes que inventar una opinión vacía de contenido; o mejor aún, sigue los puntos indicados más arriba para utilizar tu propio pensamiento.
¿Por qué usar un pensamiento crítico?
Usar un pensamiento crítico implica un esfuerzo, porque hay que molestarse en pensar, buscar información, analizar y llegar a una conclusión que, además, puede ir en contra de lo que piensan las personas cercanas a ti o la sociedad. Por tanto, ¿porqué no limitarse a pensar lo menos posible y adoptar las ideas de los demás?
Sin duda, esta postura es cómoda y fácil, pero te vuelve dependiente de los demás, te impide practicar el pensamiento crítico, te impide ampliar conocimientos, te priva del ejercicio mental que supone usar tu pensamiento para generar tus propias ideas y te priva de una fuente importante de satisfacción y autoestima. Cada vez que una persona usa su pensamiento de este modo está obteniendo pequeños logros personales. Y son esos logros los que elevan nuestra autoestima y nos hacen sentirnos orgullosos de nosotros mismos, independientes y fuertes.
Por tanto, el pensamiento crítico es mucho más que usar la mente; es un modo de sentirte mejor y hacerte más resiliente de una manera sana y no artificial.