20 de febrero de 2013

Aunque duela ...la verdad es preferible a la mentira


¿ Ocultar es igual a mentir ?
Sí.   Ocultar es mentir, porque la verdad es total o no es verdad. No hay verdades a medias, salvo cuando el otro no está preparado para escuchar o no es el momento. Ahora bien, es lícito preguntar ¿ cómo se determina si el otro realmente no está preparado o es el momento adecuado ? Lo reitero:  Nadie le diría de la misma manera a un niño de cinco años que su padre murió que a un adulto de cincuenta y no es lo mismo reprender a un adolescente de 14 años en su primera incursión laboral que hacerlo con un empleado con veinte años de experiencia. En todos estos casos, se debe decir la verdad, pero claramente sin subterfugios. 

 ¿ Que tan grave es mentir ?
No en vano Jesús dijo “La verdad los hará libres”. No hay nada más liberador y sano que vivir y moverse en la verdad porque para el mentiroso, mentir implica tapar, sobreactuar, fingir, etc. Sumado a esto, queda preso en recordar sus mentiras para poder perpetuarlas (muchas veces la situación se termina convirtiendo en una carga) y en el caso del mentido, paran él constituye una falta de respeto porque hay un otro que se atribuye no decirle la verdad y por lo tanto acotándole su libertad, porque es importante aclarar que nadie es totalmente libre si no sabe la verdad, pues elige en base a ficciones.
Por otro lado, en el acto de mentir se pone en juego una relación de poder muy interesante. Pero ya esto es otro tema.

 ¿ Existen las mentiras piadosas ? ¿ como las definirías ?
Sí, se las llama piadosas porque no están movidas por un interés personal, o un beneficio propio. También se las denomina “mentiras blancas” (porque serían inocentes). Son mentiras que, en general, se consideran pequeñas o banales aunque también las hay importantes. Se hacen para proteger al otro de una verdad demasiado dura o por el contrario una verdad pequeña pero muy inconveniente o difícil de manejar. 

 ¿ Podés compartir con nosotros algunos testimonios sobre el tema sin nombrarlos ?
Ésta te la debo ! Pero sí quisiera hacer una observación final, sobre todo porque después de todo lo dicho podría generarse un mal entendido: no sea que por temor a cometer sincericidios, ahora la gente empiece a complicarse la vida, generándose una conducta obsesiva o restrictiva en cuanto al uso del lenguaje. Sí, se debe ser cuidadoso y responsable, que no es lo mismo.

Los psicólogos somos partidarios de que entre los adultos, la comunicación debe transparente y simple y un tema fundamental a trabajar en nuestras relaciones sociales. 
Me gustaría que quede este mensaje. Sólo eso.


 ¿ Que hay que evaluar antes de decir la verdad ?
A quien me dirijo, qué es lo que tengo que decir, que vínculo tengo con esa persona, su edad, su madurez, su nivel cultural, etc. Estos aspectos estarán presentes en todo momento y siempre pensará en el interlocutor. Los cinco axiomas de Paul Watzlawick suelen ser muy útiles en estos casos.

Hay que tener presente que se puede decir lo mismo con otras palabras, aunque uno debe asegurarse de saber si se entendió lo que se intentó transmitir. Además ¿ estoy seguro de que estoy diciendo la verdad ? ¿ Acaso soy su dueño ? Porque muchos dicen: “yo te digo la verdad, no me equivoco” ¿ Y si estoy equivocado ? El gran problema de los sincericidas es que en su mayoría son bastante soberbios. Muchas veces les gusta decir las cosas, pero no que se las digan a ellos. O lo aceptan pero se genera una escalada de violencia verbal terrible.

 ¿ Que pasa cuando herimos al otro ?
Una herida emocional se asemeja a una física. El dolor es inicialmente espiritual aunque si pensamos que cuerpo y alma están íntimamente ligados, la diferencia casi es mínima. Su origen es emocional, pero afecta íntegramente a la persona.
Borges decía: me duele una mentira en todo el cuerpo. Y no se equivocaba.
Esta herida puede quedar cerrada, sin embargo a veces, quedan cicatrices o como esos vestigios de operaciones, de las que ya han pasado años, pero hay días en que “duelen”.

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