26 de diciembre de 2012

La más segura cura para la vanidad es la soledad.





 
La arrogancia, la vanidad o engreimiento, separan, corroen lentamente las relaciones humanas hasta que el titular de dichas características se encuentra aislado de alguna forma, o con una marcada soledad (aunque por cuestiones laborales y aun sociales esté en contacto con muchas personas).

La pregunta que surge es ¿Por qué una persona deja prevalecer un rasgo tan poco valorado si no aporta beneficios a su vida?

-Porque no pueden reconocerlo. Reconocer es el primer paso para cambiar.
-Porque no han descubierto aún que la sencillez de espíritu, la sensibilidad abren las puertas que el orgullo o la vanidad cierran.

-Porque tal vez aún no hayan perdido irremediablemente algo, o si sucedió delegan la responsabilidad en el otro… El/ella no hicieron lo debido…nunca “yo”
-Porque la coraza se adhirió a su carne y quitarla sería dejarlos en carne viva…y no todos tienen la valentía de enfrentarse con esto.
-Porque la creencia sobre si mismo (Yo no pido a mi me dan o no me interesa) refuerza su auto imagen de “fuerte” “inmutable” pero es solo eso IMAGEN. Una que se formaron distorsionadamente y no logran ver. 

Hay muchos pero muchos que sufren silenciosamente en la espera de lo que les debe ser dado y dejan trascurrir la vida, las oportunidades de luchar por algo que realmente desean o vale la pena, por privilegiar la aparente fortaleza, la rudeza disimulada o no que termina siendo ni mas ni menos que una personalidad caprichosa, inmadura.
La edad o el sexo no son privativos.
 
Quererse es el principio de amar a los demás. 

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