27 de diciembre de 2012

El mundo está amenazado por las aquellos que actúan con maldad.





Hoy quiero hablar de un mal muy extendido, la “palabra cruel”, esa que se enmascara en un sarcasmo que para algunos puede resultar hasta gracioso, pero oculta una maldad que no puede ser omitida por ningún ser humano sin ser consciente de la perversidad que involucra.

La crueldad es ni más ni menos que la intención de dañar en pos de “calmar” una furia interior, la tan corrosiva IRA,  que obedece generalmente a una tremenda frustración personal que deviene en la agresión exacerbada al prójimo.

Me pregunto con dolor ¿Quién se puede beneficiar con el uso de palabras hirientes, agravios, ofensas o humillaciones de alto tenor? ¿Puede realmente un ser humano sentir satisfacción en dañar a otro? Y si la siente ¿Se le puede llamar a éste DIGNO?

Me pregunto si existe dentro de ese tipo de seres una conciencia superior que les hace saber de alguna manera que la ira, corroe su espíritu, destruyéndolo.


Entonces ¿Cómo entender la posibilidad que personas con un mínimo sentido común no dimensionen la gravedad de la burla, la calumnia o el sinónimo que represente un enorme desapego por la ética, la moral y la mínima decencia de poseer los atributos elementales de todo ser humano: respeto a otro ser humano?.

Y quisiera entender cómo estas personas que lamentablemente pululan alrededor, pueden sostenerse a sí mismas. Me pregunto ¿Cómo pueden conciliar el sueño y dormir con la conciencia oscurecida albergando sentimientos tan tóxicos, tanta negatividad, tanta destrucción y tanta ira. ¿Cómo puede un ser humano íntegro no sentir el escozor q produce la maldad de una mente sin escrúpulos y con valores distorsionados?

¿Cómo no cuestionarse?... y no sin cierto malestar: ¿Por qué existen personas capaces de escarnecer, avasallar y/o desmerecer a otro ser humano con una liviandad cual si la acción fuese de menor cuantía? ¿Puede tal vez sentirse “gracioso o liberador” utilizar estos destructivos recursos? ¿Qué clase de personas podrían NO ser conscientes que las palabras malintencionadas son un acto “espejo”, reflexivo, un autocastigo que termina tarde o temprano excluyéndolos de todos los círculos, inexorablemente.
Algunas veces captan adeptos (con una mecánica programada para lograrlo) y que posteriormente terminan siendo también víctimas de estas personalidades complejas, pero ese tema lo trataremos en la próxima publicación.

Los dejo reflexionando: ¿Puede ser este tipo de conducta avalado por personas en pleno uso de sus facultades mentales?
Y quién que poseyera estos atributos ¿Desconocería que  el agravio, la injuria, la ofensa son ni más ni menos que actos de VIOLENCIA sicológica o emocional?

“La maldad es esencialmente antinatural.”
Confucio

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