15 de septiembre de 2012

La misma historia de siempre.





Mujer exuberante, tenía varias razones para querer cambiar de aires: La principal es que me aburría en Madrid. No un aburrimiento común de bostezo y ojos somnolientos. Aburrimiento existencial, de los que te comen por dentro, de los que desesperan, de los que hacen sentir vértigo al tener el trigésimo deja vú del día.

Todo era una jodida rutina viciada. Una de alcohol, lunas en todos los estados posibles incluso rotas, de beberse dinero y quemar el tiempo en una espiral decadente de autodestrucción frívola a la par que salvaje. Oh, claro que los hay que desmadraron más, que consumieron mierdas que yo no, que son cuatro veces más malditos y que vivirán muchos (muchos) años menos que yo.

No estoy presumiendo de nada. Es lo que había. Sin ser nada del otro mundo era otro mundo. Un Nunca Jamás de niños grandes con un dinero que no ganaron nunca con el sudor de sus frentes. “Salir, beber, el rollo desiempre…” la letras de Extremo, que de crio me cargaba las pilas para salir me vienen a la mente cargadas de una connotación diferente, la del tedio, la monotonía, la desidia…el eterno retorno nitzscheano aplicado a la noche madrileña.

Empaqueté lo más básico y me fui a Barcelona siguiendo el amor y la promesa de una vida mejor. Y lo cierto es que llevé, al menos al principio, una vida mucho más sosegada, más serena, relajada, reflexiva…más de todo lo que se suponía que no tenía en la Capital del Reino.

La fiesta también estaba presente pero rebajada con agua fuerte. Pareja estable, que me amaba con locura, ciudad nueva que, como una hoja en blanco, me permitía reescribirme a mi mismo, me ofrecía una oportunidad para el cambio, para ser un nuevo yo… y yo pasando noches en vela echando de menos todas las cosas que acabé aborreciendo de Madrid. Todos mis recuerdos de Madrid elevados a la categoríade Leyenda. ¡Dios! Como se me llenaba la boca.

Irrepetible, añejo, lúcido, melancólico, profundo. La fiesta, interminable. Los amigos, de verdad. El alcohol, de calidad y a buen precio. Los sueños,realizables. Las mujeres, todas hermosas e interesantes. Qué decepción la vuelta, señores/as. Los bares de siempre, aunque hayan cambiado de nombre; los amigos enfrascados en sus propios problemas como no podía ser de otro modo, pero claro… en mis nostalgias prestaban algo más de atención a los míos; la ciudad, hasta los topes de tontos de baba; las mujeres, cada día menos fascinantes; la conversación, trillada, llena de lugares comunes y tópicos, de esos que me quitan la gana de abrir la boca para nada salvo para tomar otro trago.

Trago que casi nunca suele ser de Ron, como en esas fantasías onanísticas en las que todo era como yo lo deseaba. Todo me aburre tanto que siento como ha vuelto a comenzar el proceso que me llenaba de apatía. Siento que echo de menos a esa mujer que tanto me amaba, tomo conciencia de que allí también hice amigos de verdad, de que la ciudad de los Malditos tenía también su magia, una propia, mucho más cálida, menos sordida.

Me doy cuenta de que echo de menos los colores, las texturas, los olores… y me entran arcadas cuando vuelvo sobre estos propios pensamientos y me doy cuenta de que estoy cayendo en el jodido “Cualquier tiempo pasado fué mejor”. Tiempos dorados, en los que siempre has sido más feliz, has vivido con más plenitud, has bebido hasta jurar y parecías haber encontrado tu lugar en la vida.

“ Creo que antes sonreía más, era más espontaneo, más vital, más optimista, más idealista. Menos cínico,menos escéptico, menos sarcástico, menos arrogante, menos cruel”. Si…cuando miro atrás y veo en lo que me he convertido siempre siento que he salido perdiendo en un juego de naipes, uno en el que nadie me informó sobre lo que me estaba jugando. Tal vez la inocencia, que nunca es perenne sino más bien caduca.

Y ahora pierdo el tiempo mirando atrás, hacia un pasado que si nunca volvió para los demás menos lo va a hacer para mi, que siempre he sido bastante moroso a la hora de pagar por nada. Es la tragedia del tiempo perdido. Hay hombres que solo tienen pasado. Hombres que solo viven en pasado, que solo existen en pasado. Viejas, viejas glorias con viejas,viejas historias. Tan solo carne, sangre, piel, huesos…y memoria.

No quiero ser uno de esos hombres. No quiero tener más memoria que ganas de vivir. No quiero tener tiempos pasados. Jamás he visto mayor cadena ni ancla más grande para continuar disfrutando de la vida que el Pasado. Némesis de las novedades, archienemigo jurado de la esperanza, de la entereza, antítesis de todo lo que deja abierta la ventana al mundo para que pueda llenarte el alma de cosas buenas.

El pasado es un viejo trastero al que hay que prenderle fuego ¡Debemos prenderle fuego! Ahora lo veo claro. Es el Pasado o Yo… y a mi no me jodes más, viejo. Desde hoy no te paso ni una.

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