15 de agosto de 2012

LA HUIDA DE LA INTIMIDAD



Se nos ha dicho que existen ciertas habilidades y comportamientos que promueven y refuerzan la posibilidad de crear relaciones. Desafortunadamente, después experimentamos como estas “habilidades” nos conducen a relaciones de adicción. Después de comprobar que estas mismas “habilidades” que creíamos que suscitaban la intimidad son utilizadas, sin duda, para evitarla y practicar la adicción, nos sentimos traicionados por nosotros mismos y por lo que nos ha enseñado. Cuando hacemos la lista de estas habilidades, se hace evidente que son lo que se nos ha enseñado y lo que conocemos, y que no sabemos qué hacer para crear y mantener relaciones sanas.
Estas son algunas de las habilidades utilizadas para crear seudo relaciones de adicción:
Ser capaz de establecer “relaciones instantáneas”
Ser capaz de escuchar incluso cuando no se está interesado ni implicado con lo que la otra persona está diciendo.
Poder poner constantemente de lado las propias necesidades en aras de la relación.
Saber cómo “cuidar” a la otra persona y actuar rápidamente para satisfacer sus necesidades.
Saber cómo alimentar la dependencia y, al mismo tiempo, cómo “atarse” al otro de una manera dependiente.
Saber cómo “contemporizar” con las propias necesidades, valores, ética y moral en aras de la relación (incluyendo la familia, los hijos y el propio trabajo).
Tener la capacidad de reconocer inmediatamente “la pareja cósmica” o una “conexión especial”.
Ser capaz al instante de compartir secretos y contar toda la vida personal.
Tener una atracción física y sexual inmediata.
Ser capaz de encajar a la otra persona en fantasías románticas y/o situaciones exóticas mediante canciones especiales, medios de apoyo y símbolos para la relación, incluso cuando estos adornos tienen poco sentido excepto para la misma persona romántica que los utiliza.
Ser capaz de crear una “conexión” y no saber cómo ser amigos.
Establecer una intensidad inmediata o un “subido” (estar enamorado) y permitir que el “subidon” interfiera en la vida cotidiana.
Sentir como si la “relación” le tuviera a uno en sus garras, se hubiera apoderado de la vida de uno y ser capaz de abandonarse a ese sentimiento.
Tener las habilidades (imaginables) y el deseo de “salvar” a la otra persona de la vida que ha construido.

Shaun Tan
Estar dispuesto a servirse de la otra persona para huir de la vida que uno mismo ha construido.
Definir todo en la existencia de uno en términos de la relación y hacer de la relación el “centro” de la propia vida.
Ser capaz de ignorar otras facetas de ambas vidas en aras de la relación.
Tener la capacidad de “hacer que la otra persona se sienta viva”.
Ser capaz de atraer a otras personas hacia uno, es decir, poner el énfasis en la apariencia física, como la ropa o arreglárselas para atraer a los demás.
Poder ignorar los aspectos de la persona en los que no confiamos o que no nos gustan.
Ser capaz de ignorar los valores, las esperanzas y los miedos no compartidos y ver a la otra persona únicamente con los ojos de la ilusión.
Ser capaz de aceptar la culpa por cualquier cosa que no funcione en la relación.
Ser capaz de “colgarse de ella” mucho más del punto de cordura.
Tener la capacidad de cerrarse a los propios sentimientos y tomas de conciencia al servicio de la relación.
Tener la capacidad de “entrar por completo en el mundo del otro”.
Saber cómo utilizar las “habilidades” de comunicación para crear relaciones de manera inmediata, dando más importancia a las “habilidades” que a estar presente para la otra persona.
Ser capaz de utilizar la manipulación y el mantenimiento de las apariencias para ser lo que la otra persona quiere con el fin de “engancharla” en la relación.
Tener la capacidad de “tomar sobre si” y “sentir” los sentimientos del otro.
Tener la capacidad de aceptar los celos como signo de verdadero amor.
Tener la capacidad de apegarse a personas a las que uno ha gustado primero.
Tener la capacidad de servirse de la honradez como un “timo”.
Tener la capacidad de utilizar la propia intuición para explicar o “entender” al otro.
Haber desarrollado las habilidades de seducir, cortejar y excitar como un arte consumado.
Tener la capacidad de aparentar estar íntimamente involucrado cuando en realidad se está escondido tras un muro.
Haber aprendido a interpretar la intensidad como amor y, por tanto, presuponer que cuando sentimos con intensidad algo sobre otra persona lo que sentimos es amor.
La capacidad de perder los propios límites en una relación.
Ser capaz de sufrir infinitamente a causa de la relación.
Ser capaz de mirar fija y amorosamente a los ojos del otro con mirada parecida a la de un becerro medio moribundo en medio de un pantano.
Se nos ha enseñado que estas habilidades conducen a relaciones cuando, de hecho, conducen a relaciones de adicción.
En estas relaciones se supone que estas personas buscan amor, intimidad. La parte sana de la persona o el yo verdadero puede que realmente este buscando amor e intimidad, al tiempo que la adicción está buscando su dosis y sirviéndose de las relaciones para conseguirla. Ni la relación ni la persona son realmente importante, sólo el “subidon”.
Desgraciadamente, estas adiciones explotan necesidades humanas básicas y delicadas en su propio provecho, lo cual hacen que sean muy confusas. Las personas adictas siempre necesitan alguna otra persona (imaginaria o real) para sustentar su enfermedad y declaran tener una necesidad de conexión, aunque tratan a los demás como objetos para ser utilizados. Los adictos a las relaciones y a los romances se sirven de otras personas lo mismo que lo hacen los sexo dependientes. Aunque en definitiva, todos ellos están evitando la intimidad y, sin duda alguna, impidiéndola.

Shaun Tan
Cualquier persona puede verse afectada por estas adicciones. Todas ellas son dependencias, y tienen las mismas características que las demás adicciones, son progresivas y fatales .Arruinan vidas, familias, instituciones y sociedades enteras. Cuando avanza la enfermedad los adictos se vuelven más controladores, falsos, absortos en sí mismos, perfeccionistas, exigentes, confusos, aislados y disfuncionales. Estas dependencias pueden alterar la mente lo mismo que la dependencia de sustancias químicas, y a medida que avanza la enfermedad, se necesita cada vez más la “dosis” de que se trate en cada caso para obtener el “subidon”.
Para seguir su adicción la persona tiene que abandonarse gradualmente a sí misma. Esto desemboca en un deterioro ético, moral, y espiritual, y, como en las otras adicciones, las personas se ven al final descuidándose a sí mismas, los hijos, a la familia, el trabajo y las responsabilidades sociales. Los adictos no son capaces de aportar una contribución sólida a sí mismos o a su sociedad, y cualquier contribución que hagan se deteriora.
Las personas con estas dependencias sufren profundamente y se vuelven cada vez más impotentes respecto a las mismas y respecto a sus vidas.

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