11 de junio de 2012

EN BUSCA DE LA FELICIDAD?






Todos los seres tenemos un mismo deseo: encontrar la felicidad y evitar el sufrimiento, pero muy pocos conocemos sus verdaderas causas. Por lo general, pensamos que los objetos externos, como la comida, los amigos, los carros, mujeres o el dinero son verdaderas causas de felicidad y, en consecuencia, dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a intentar adquirirlos. Aunque a simple vista parece que estas condiciones nos hacen felices, si lo analizamos con detenimiento, nos daremos cuenta de que también nos ocasionan numerosos problemas y sufrimientos.

La felicidad y el sufrimiento son estados mentales opuestos. Por lo tanto, si algo es una causa verdadera de felicidad, no puede serlo también de sufrimiento. Si la comida, el dinero y demás objetos externos fueran verdaderas causas de felicidad, nunca producirían sufrimiento, pero sabemos por propia experiencia que esto no es cierto. Por ejemplo, la comida es uno de nuestros placeres favoritos, pero también es la causa de numerosas dolencias y enfermedades. Para fabricar los objetos que creemos que nos hacen felices, contaminamos el medio ambiente hasta el punto de convertir el aire que respiramos y el agua que bebemos en una amenaza para nuestra salud y bienestar. Nos gusta disfrutar de la libertad e independencia que nos proporcionan los coches, pero el coste en accidentes de tráfico y contaminación es enorme. Pensamos que el dinero es imprescindible para disfrutar de la vida, pero debemos soportar grandes dificultades para conseguirlo. Incluso nuestros familiares y amigos, con los que compartimos momentos agradables, pueden causarnos numerosas preocupaciones y sufrimiento.

En los últimos años, nuestro entendimiento y control del mundo externo han aumentado considerablemente y, como resultado, hemos presenciado un notable progreso material. Sin embargo, la felicidad del ser humano no se ha incrementado del mismo modo. Hoy día no hay menos sufrimientos ni menos infortunios en el mundo, incluso podría decirse que ahora experimentamos más problemas e infelicidad que nunca. Esto indica que la causa de la felicidad y la solución a nuestros problemas no se encuentran en el conocimiento y control del mundo externo.

¿Por qué? La felicidad y el sufrimiento son estados mentales y, por lo tanto, sus causas no pueden existir fuera de la mente. La verdadera causa de la felicidad es la paz interior. Si tenemos una mente apacible, seremos felices en todo momento, aunque las condiciones externas sean adversas, pero si estamos preocupados e inquietos, nunca seremos felices por muy favorables que estas sean. Las condiciones externas solo nos hacen felices si tenemos una mente apacible. Esto podemos entenderlo por propia experiencia. Por ejemplo, aunque vivamos en un lugar agradable y dispongamos de todo lo necesario, en cuanto nos enfadamos, dejamos de ser felices. Esto se debe a que el odio destruye la felicidad.

De lo dicho se deduce que si deseamos disfrutar de felicidad duradera, hemos de adquirir y mantener una experiencia especial de paz interior. La única manera de conseguirlo es adiestrar nuestra mente con la práctica espiritual para reducir de manera gradual nuestros estados mentales negativos y sustituirlos por mentes apacibles. Si cultivamos nuestra paz interior, finalmente la experimentaremos de manera permanente al alcanzar el nirvana. A partir de entonces, seremos felices tanto en esta vida como en las futuras, habremos resuelto todos nuestros problemas y llenado nuestra vida de significado.

Puesto que todos tenemos en nuestro interior una fuente inagotable de paz y felicidad, es posible que nos preguntemos por qué nos resulta tan difícil mantener un estado mental apacible y gozoso de manera continua. Esto se debe a que nuestra mente está siempre llena de engaños. Los engaños o perturbaciones mentales son percepciones distorsionadas de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea, como un espejo defectuoso que no refleja la realidad.

Todos los engaños actúan proyectando una versión distorsionada de la realidad y haciéndonos reaccionar
como si esta proyección fuera cierta. Cuando nuestra mente está bajo su influencia, no percibimos la realidad y podría decirse que sufrimos alucinaciones. Puesto que nuestra mente está bajo la influencia de perturbaciones mentales sutiles en todo momento, no es de extrañar que nos sintamos frustrados tan a menudo. Es como si persiguiéramos un espejismo que nos decepciona constantemente al no proporcionarnos la satisfacción que esperamos.

Cuando las circunstancias son desfavorables y nos encontramos con dificultades, solemos pensar que la situación en sí misma es la causa de nuestros problemas, pero en realidad estos tienen su origen en la mente. Si respondiésemos ante las dificultades con una mente pacífica, no nos causarían problemas, sino que las consideraríamos como oportunidades para progresar en nuestro desarrollo personal. Los problemas solo aparecen cuando no sabemos reaccionar de manera constructiva ante las dificultades. Por lo tanto, si deseamos transformar nuestra vida y liberarnos de los problemas, debemos aprender a dominar nuestra mente. Los sufrimientos, los conflictos, las preocupaciones, la infelicidad y el dolor solo existen en la mente, no son más que sensaciones desagradables que forman parte de ella. Si controlamos y purificamos nuestra mente, podremos eliminarlas por completo.

Para comprender esto, hemos de conocer la relación entre la mente y los objetos externos. Todos los objetos, ya sean agradables, desagradables o neutros, son meras apariencias de la mente, como los que experimentamos en sueños. Al principio, esto nos resultará difícil de comprender, pero la siguiente analogía nos servirá de ayuda. Cuando estamos despiertos, percibimos diferentes fenómenos, pero cuando nos dormimos, cesan porque la mente que los percibe también cesa. Del mismo modo, cuando soñamos, lo único que percibimos son objetos imaginados, pero al despertarnos, estos cesan porque la mente del sueño que los percibe también cesa. Si lo analizamos con detenimiento, descubriremos que podemos hacer que desaparezcan los objetos que nos resultan desagradables abandonando nuestros estados mentales negativos y hacer que surja todo aquello que deseamos con solo generar una mente pura. Si eliminamos los engaños por medio de la práctica espiritual, colmaremos nuestro deseo de disfrutar de paz duradera, en mi caso estoy en el camino y espero seguir en el, es duro pero gratificante, hoy me vino esos objetos externos que me cambiaron mi genio me hicieron sentir mal, pero puse en manos del Todopoderoso y estoy en paz

Por eso hemos de comprender que aunque las perturbaciones mentales están muy arraigadas en nuestra mente, no forman parte intrínseca de ella, por lo que es posible eliminarlas. Los engaños no son más que malos hábitos y, como tales, pueden reducirse. De momento, nuestra mente es como agua turbia, contaminada por las perturbaciones mentales. No obstante, al igual que es posible separar el agua del barro, también podemos liberar la mente de los engaños. Entonces, no habrá nada que pueda alterar nuestra paz interior y felicidad.

Desde tiempo sin principio hemos estado dominados por nuestra mente como si fuéramos marionetas. Somos sus siervos y cuando quiere que hagamos algo, no nos queda más remedio que hacerlo. En ocasiones, nuestra mente es como un elefante desbocado que nos crea innumerables problemas tanto a nosotros mismos como a los demás. Si nos adiestramos de manera sincera en la práctica espiritual, podremos cambiar esta situación y controlar nuestra mente. De este modo, disfrutaremos de verdadera libertad.

Para tener éxito en nuestra práctica espiritual, debemos recibir bendiciones e inspiración de aquellos que han alcanzado profundas realizaciones internas, pero también es importante levantar el ánimo en todo momento. Si no nos animamos nosotros mismos, ¿quién lo va a hacer? Cuando comprendamos con claridad que la paz interior es la verdadera fuente de felicidad y que por medio de la práctica espiritual podemos alcanzar estados cada vez más apacibles, sentiremos un gran entusiasmo por la práctica. Esto es muy importante porque para alcanzar la paz interior permanente del nirvana, tenemos que practicar con sinceridad, perseverancia, decisión, dedicación y disciplina. (Esta última la más dura pero si se puede)

Para terminar mis queridos lectores, si una persona como yo que se ha equivocado muchas veces, puede hacer todo lo que les estoy contando, todos ustedes pueden hacerlo, y de hecho muchos de ustedes podrán llegar más antes que yo, y como dice la canción Mexicana : “No hay que llegar primero pero hay que saber llegar”, en este caso debemos saber llegar.

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