20 de mayo de 2012

Aprendemos a ser, acariciar, crear espejismos reales y por fin agradecer.


¡Gracias por este deslizar hacia el fin de la materia.
Gracias por esta raíz eterna en el instante efímero.
Gracias por esta cadena de madres y padres con el pecho abierto lanzando flechas de ámbar.
Gracias por esta saliva que fertiliza el desierto de lo pensado.
Gracias por esta felicidad que danza en la médula de los huesos.
Gracias por el latido amoroso de mis vísceras y la alegría perruna de mis órganos.
Gracias pulmones por obligarme estar satisfecho de la caricia del aire.
Gracias plantas de mis pies por llevarme donde me estoy esperando.
Gracias por la piel cantando con sus poros
y por la mente que se baña en su propio vacío.
Gracias por la energía azul escondida en las neuronas,
por mis cabellos que crecen hacia el cielo,
por los recuerdos luminosos que nadan en la sangre,
por la voz que se divide en cinco auras,
por el arco iris que surge de mi boca
y va a hundirse en la tuya.
¡Satisfacción como una sombra dulce,
como hostia más grande que su cáliz,
como caballo en un remolino de aire,
como culebra atravesando un bloque de mármol!
Alejandro Jodorowsky

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