8 de marzo de 2012

Alejados de la realidad.



Hoy quiero tratar un tema muy cotidiano, que pocos aceptan y muchos padecen. Hoy quiero hablar de las personas que suelen cambiar la verdad, pudiendo esto significar un problemas leve de carácter psicológico y/o emocional, hasta bastante grave como en el caso del Mitómano. La situación radica en que las mentiras forman parte de su vida diaria y cotidiana, sin que éstas sean necesarias para salvar su vida o la de un ser querido.

Se dice que el mitómano, miente con el único propósito de hacer daño a un tercero. Realmente no es el caso que deseo exponer, no es el caso que quiero comunicar.

Mentir consiste en cambiar, tergiversar y/o exagerar o exacerbar los hechos reales, así como también ocultarlos y/o negarlos. El que incurre en mentiras de forma repetitiva y constante según los expertos, es aquel individuo con problemas de "personalidad inflexible y de conducta rígida".

El mentiroso suelta la primera mentira y para mantener ésta, tiene necesariamente que tejer una gran madeja de mentiras más para darle sustento a su primer invento y con el paso del tiempo, esto se convierte en una avalancha insostenible. Serviría para ejemplarizar esta situación, la pequeña bola de nieve que comienza a caer desde lo alto de una montaña nevada que al llegar a las faldas del pico ocasiona desgracias, no solo para el creador de las mentiras, sino a su familia y afectos más cercanos.

Los expertos coinciden en señalar que tal conducta, que puede llegar a ser compulsiva tiene su raíz en la niñez, por ser ésta la etapa en la que se forma nuestra personalidad, atendiendo claro está, a nuestra educación y al medio ambiente que nos rodea. Es en esta etapa que se comienzan a decir mentiras, bien sea para igualarse con los adultos que los rodean, y/o para salvarse de un situación desagradable con ellos, y/o para obtener la atención de otros y/o para evitarse un NO rotundo.

Los niños aprenden a mentir de sus padres, como cuando el progenitor dice, “No le digas que salimos”, “No le cuentes a tu abuelo”, “Dile que si lo probamos”, “Esa inyección no duele”, “El remedio sabe rico”, “Tu perrito está bien”, “Dile a papá que lo necesitas”.

Los que saben del tema consideran que al niño no hay que reprenderlo de una vez por la mentira, sino que hay que hablarle y enseñarle el valor de la verdad, la honestidad y el castigo que se le impone debe necesariamente ser diferente al impuesto por mal comportamiento o por salir mal en el colegio, porque en caso contrario, reforzamos la conducta y hacemos del niño, un mentiroso en su etapa de adulto.

Hay que aprovechar la mentira, para enseñarle al niño el valor de la honestidad y la confianza, que se pierde con el uso de las mentiras y sobre todo hacer que el niño no alcance el objetivo deseado con la mentira. Si el joven crece con parámetros claros de lo que es la verdad, la honestidad, la confianza y la comunicación, de adolescente y de adulto podrá asumir a cabalidad sus mentiras y las consecuencias de ellas.

Lo adultos mentimos para auto engañarnos, porque sabemos que algo que hicimos o dejamos de hacer NO era lo correcto y nos incomoda la realidad, o simplemente para alcanzar un resultado determinado, como son el afecto, la admiración, el respeto, e inclusive el amor de terceros, para confundir la fantasía con la realidad, para el control, de otra persona o situación, por inseguridad y hasta en algunos casos para dañar a otros, como el mitómano.

Muchas veces nos preguntamos si el que miente se siente bien con esta situación. Yo soy de la opinión que SI, porque si no se sintiera a gusto con la mentira, simplemente diría la verdad, y lo digo por mi propia experiencia, hace no mucho le mentí a alguien y hasta que ese alguien no supo la verdad de mi propia boca no me sentí bien, porque jamás me sentí feliz al mentirle, al ocultrle la verdad. No así he vivido el caso contrario, sabiendo la otra persona que ya yo sé TODA la verdad, insiste en seguir cambiando los hechos con una absurda mentira.

Sin embargo, debo mencionar lo que los expertos hablan al respecto, señalan que las personas al tergiversar o al ocultar la verdad no se sienten bien, y debido a esto, como consecuencia sufren porque la situación que taparon sigue ahí vigente, no ha cambiado y ellos lo saben, lo que acarrea a su vez desgaste emocional, porque hay que enfrentar el momento en el que se dice la mentira, hay que pensar con claridad las palabras que se van a emitir y recordar los hechos para un futuro.

Los psicólogos dicen que hay un sentimiento de remordimiento en la persona que oculta o cambia la verdad, pero por mi experiencia insisto que son contados los casos que experimentan tal cosa. Hay quienes hablan del efecto Boomerang, que consiste en que esa situación que tanto te molesta e intentas cambiar con las mentiras, la demuestras con mayor fuerza.

Otros autores opinan que el mentiroso, sufre de una situación de rechazo a esos engaños constantes, que termina por deteriorar la relación con los demás. Siento que este es un de los padecimientos más reales del que miente, termina con las relaciones por más amor que exista. Hay quienes llegan a decir que el mentiroso sale a tal grado de la realidad que llega desconocerse a sí mismo, y vive en un mundo completamente fantástico…

La pregunta es ¿qué hacer con un mentiroso en la familia? Enfrentar al mentiroso a la realidad, no ayuda, porque él en su interior sabe, maneja y está al tanto de su incapacidad para comunicarse y decir la verdad, pero no conoce cómo cambiar su conducta y vive sumido en el malestar que esto le produce. No lo desenmascares, porque esto puede ser contraproducente para la relación por su incapacidad a enfrentar la verdad.


Hacerles entender que la vida y la relación sería más fácil sin mentir es lo que mejor funciona con las personas que ocultan o tergiversan la verdad, sin embargo esto no siempre funciona, porque mantienen la mentira hasta el final.

Hay que hacerles entender que por más chiquita que sea la mentira, ésta va socavando las bases de la confianza que debe existir en la relación y lo único que hace es sembrar dudas y miedos que hacen imposible la existencia de una relación sana y feliz.

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