27 de febrero de 2012

Pon fin a tu agresividad




¿Tienes un carácter nervioso? ¿Te entran ganas de darle un puñetazo en la cara al dominguero que te ha cortado la calle? ¿Te cuelas en la cola del supermercado? ¿Sueltas sandeces a la auxiliar de policía que te “multa”? ¿Le “das una lección” a la compañera de trabajo que te interrumpe delante de tu jefe? ¡Para!

Si las ocasiones en que sientes que “hierves” interiormente son muy habituales, una disputa o un desencadenamiento de insultos no te aliviarán, aunque pienses lo contrario. Esta actitud puede acabar siendo agotadora, pues además de hacerte perder tontamente tu energía, hace subir tu adrenalina. Así pues “conseguir dominar tu agresividad, al igual que cuando se consigue una victoria, lo cual aumentará tu orgullo y te levantará el ánimo”, explica el doctor Christian Zaczyk.
Puedes ganarlo todo, pues a largo plazo la agresividad supone consecuencias nefastas, ya sea en la amistad, en el trabajo o en el amor, pues puede acabar provocando un rechazo por parte de tu entorno. ¡Los “bocazas” no siempre son apreciados! Debes empezar eliminando los reflejos negativos.

Defenderse atacando
Es la técnica del “agredido agresor”. Aprende a solucionar de otra forma tus conflictos, utilizando, sobre todo, el diálogo para neutralizarlos. Es una actitud que te ayuda a no quedar como un histérico y que te obliga a escuchar al “tipo coñazo” que tienes ante ti. Intenta entender su actitud o sus reivindicaciones, aunque te horroricen. Aprovecha para dar el valor justo a los acontecimientos: este señor te ha empujado o te ha arrebatado ante tus narices tu plaza de aparcamiento. ¿No crees que es un poco exagerado empezar a insultarse? No tienes que agobiarte, sino aprender a expresar tus emociones de forma clara y sin enfados. No te olvides que aunque puedes sancionar el comportamiento del otro, también tienes que respetar al individuo y no denigrarlo.

Subir el tono
Utiliza la técnica denominada “misa rezada”. Frente a los chillidos (ya sean los tuyos o los de tu interlocutor), ralentiza progresivamente tu elocución y tu volumen sonoro: tu interlocutor hará lo mismo sin darse cuenta. Con un tono de voz bajo, ¡el conflicto se solucionará mejor!

Dejarte desbordar por la energía
Los factores desencadenantes de la agresividad son, en general, el estrés, la insatisfacción, la frustración, las preocupaciones personales… En la vida cotidiana, cada uno se enfrenta al doble papel de agresor y agredido. Y, a fuerza de encajar golpes, el riesgo de dejarse llevar por una tontería aumenta hasta que una gota colma el vaso. Para gestionar mejor tu estrés y canalizar tu energía, practica un arte marcial como el karate, que asocia el dominio de las preocupaciones con el conocimiento de uno mismo, además de integrar el respeto por los demás. Es ideal para calmar a los que se alteran rápidamente. Un deporte “de desahogo” (atletismo, squash, natación, vela…) también puede ser beneficioso para disminuir la tensión nerviosa.

Isabelle Delaleu

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