27 de diciembre de 2011

Rubayyat


Procura que tu prójimo no tenga que sufrir de tu sabiduría.
Domínate siempre, no te abandones a la cólera.
Si quieres encaminarte a la paz definitiva, sonríe
al Destino que te hiere y no hieras a nadie.

En este mundo, conténtate con pocos amigos.
No trates de que perdure la simpatía que puedas sentir por alguien.
Antes de tomar la mano de un hombre,
pregúntale si ella no te golpeará algún día.

¿Por qué te afliges, Khayyam,
sólo por haber cometido tantas culpas?
Tu tristeza es inútil.
Después de la muerte, sólo hay la Nada o la Misericordia.

Admitamos que hayas resuelto el enigma de la creación. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas podido despojar a la Verdad de todos sus ropajes. ¿Cuál es tu destino?
Admitamos que hayas vivido cien años feliz
y que vivas cien años más. ¿Cuál es tu destino?

Los sabios y los eruditos más ilustres
han caminado por las tinieblas de la ignorancia.
Sin embargo, no eran los estandartes de su época. ¿Qué hicieron?
Pronunciaron algunas frases confusas y se echaron a dormir.

Entiende esto: un día tu alma caerá de tu cuerpo
y serás empujado detrás del velo que flota entre el universo y lo desconocido.
En la espera: ¡sé feliz!
No sabes de dónde vienes. No sabes a dónde vas.

El bien y el mal, aquí abajo, se disputan la ventaja.
El cielo no es responsable de la felicidad
o de la desgracia que el destino nos aporta. No des gracias al cielo
o no le acuses... Es tan indiferente a tus alegrías como a tus penas.

¿Acaso el creador formó a los seres para destruirlos?
¿Por qué son tan feos? ¿Por qué son tan bellos?
¿Quién tiene la culpa?
Yo no entiendo nada...

En el torbellino de la vida, sólo son felices los hombres
que se creen sabios y aquellos otros que no tratan de instruirse.
Yo me he inclinado sobre todos los secretos del universo
y he vuelto a mi soledad envidiando a los ciegos que encontraba a mi paso.

He tenido maestros eminentes. Me satisfacían mis progresos, mis triunfos.
Cuando evoco lo sabio que yo era,
lo comparo al agua que adopta la forma del vaso
y al humo que el viento disipa.

Los sabios no te enseñarán nada,
pero la caricia de las largas pestañas de una mujer te revelará la felicidad.
No olvides que tus días están contados y que pronto serás la presa de la tierra.
Cómprate vino, llévatelo aparte y luego déjate consolar.

Sobre la tierra abigarrada, camina un hombre que no es musulmán ni infiel,
que no es rico ni pobre. No venera a Alá ni a sus leyes.
No cree en la verdad. No afirma nunca nada.
Sobre la tierra abigarrada, ¿quién es ese hombre bravo y triste?


OMAR KHAYYAM

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