13 de diciembre de 2011

Mujeres y mujercitas


Prefiero hablar de las relaciones humanas entre hombres y mujeres. De lo complejo de la convivencia y de los deseos de la gente de no amar para no ser amados. Cada día que pasa el ser humano se aísla más para perder contacto con el amor como si éste quemara. La soledad femenina es un mito porque el hombre es más solitario que la mujer. El hombre tiene miedo al amor y miedo a ser amado que es lo mismo que tener miedo a no saber o no poder responder. Miedo a hacerse responsable, rol que por años le ha tocado desempeñar solo.
Sexo y amor se fusionan y, a veces, dan al traste con la tranquilidad soñada. Apareció el Viagra y eso aterró a muchos hombres que ven en la pastilla azul la salvación y también la evidencia de la tan temida decadencia sexual. No entienden que no es para alarmarse y que la vida sigue. Mientras tanto la mujer abandona las prohibiciones morales que por años escuchó. Surge una especie de mujer “amoral” capaz de ir adelante sexualmente o al menos a la par del hombre que no termina de aceptar a esta nueva mujer que deja a un lado a la mujer Oster y de uñas pintadas. Es la mujer que no ingiere Lexotanil. Es la mujer que no es excelente ama de casa y no se avergüenza de decirlo. La otra es perfeccionista e inmaculada en cada rincón. Todo brilla, menos ella. Una perfección patológica se observa en la cocina y en cada rincón de un hogar de revista de decoración. Es la sumisa en contraste con la mujer que se gana la vida y de paso lucha contra las tiranías. Esas dos mujeres conviven en este país sin tan siquiera darse los buenos días. Son tan antagónicas que nada tienen que decirse. Son las mujeres y las mujercitas.
Amor y erotismo se entienden perfectamente, es la llama doble de la vida. Erotismo y amor no es para todos, sólo los mejores disfrutan ese privilegio. “El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado” Eso dice Octavio Paz en su libro. Lamentablemente muchas veces no hay cuerpo deseado porque no se mira. La mirada se escurre a un rincón donde no se despierten emociones. Así es mejor ya que no hay compromiso porque éste da pánico. Más Lexotanil le hará falta a la mujercita. Una máquina de hacer pan funciona en la noche para conciliar el sueño de la sumisa. Una laptop pone en movimiento a la mujer de "extraño y dudoso proceder" por llevar la delantera en todo. Una cuida perros y matas, la otra lucha para dejar una huella en la vida. El hombre se confunde cada vez más. No tiene modelo para comparar este fenómeno y se siente perdido. Busca escapar. La laptop no se silencia y los electrodomésticos tampoco. Dos estilos de vida aniquilan al hombre de hoy ante la necesidad de escoger entre: a) Sumisión e inteligencia b) Aburrimiento o amor y erotismo.
Las parejas no crecen con el tiempo, desgraciadamente desaparecen y eso ya no lo para nadie. Sobreviven muy pocas, como para no perder la costumbre. La vida del hombre se neutraliza cuando no tiene a quién proteger. La mujer, en cambio, ya no busca protección y respira por sí misma. La mujercita, sin protestar, acepta una vida simple y sin emociones que la hagan vibrar. La otra (la mujer) anda sola y tranquila por el mundo y no pide, exige.
Ese el nuevo estilo de vida y ahí el hombre no encuentra la brújula.

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