16 de diciembre de 2011

LA MAFIA MEDICA ¡¡¡


Por Laura Jimeno Muñoz

Doctora Ghislaine Lanctot
Pues lo reitero: las autoridades mienten cuando dicen que las
vacunas nos protegen, mienten cuando dicen que el sida es
contagioso y mienten cuando dicen que el cáncer es un misterio.

“La Mafia Médica” es el título del libro que le costó a la doctora Ghislaine Lanctot
su expulsión del colegio de médicos y la retirada de su licencia para ejercer
medicina. Se trata probablemente de la denuncia publicada más completa,
integral, explícita y clara del papel que juega a nivel mundial el complejo formado
por el Sistema Sanitario y la industria farmacéutica.

El libro expone, por una parte, la errónea concepción de la salud y la enfermedad
que tiene la sociedad occidental moderna, fomentada por esta mafia médica que
ha monopolizado la salud pública creando el más lucrativo de los negocios.
Además de tratar sobre la verdadera naturaleza de las enfermedades, explica cómo
las grandes empresas farmacéuticas controlan no sólo la investigación sino
también la docencia médica, y cómo se ha creado un Sistema Sanitario basado en
la enfermedad en lugar de en la salud, que cronifica enfermedades y mantiene a
los ciudadanos ignorantes y dependientes de él. El libro es pura artillería pesada
contra todos los miedos y mentiras que destrozan nuestra salud y nuestra
capacidad de autorregulación natural, volviéndonos manipulables y
completamente dependientes del sistema. A continuación, una estupenda
entrevista a la autora que realizó Laura Jimeno Muñoz para Discovery Salud:

Medicina Significa Negocio
La autora de La mafia médica acabó sus estudios de Medicina en 1967, una época
en la que -como ella misma confiesa- estaba convencida de que la Medicina era
extraordinaria y de que antes del final del siglo XX se tendría lo necesario para
curar cualquier enfermedad. Sólo que esa primera ilusión fue apagándose hasta
extinguirse.

-¿Por qué esa decepción?
Porque empecé a ver muchas cosas que me hicieron reflexionar. Por ejemplo, que
no todas las personas respondían a los maravillosos tratamientos de la medicina
oficial. Además, en aquella época entré en contacto con varios “terapeutas suaves”
-es decir, practicantes de terapias no agresivas (en francés Médecine Douce) - que
no tuvieron reparo alguno en abrirme sus consultas y dejarme ver lo que hacían.

Y llegué pronto a la conclusión de que las medicinas no agresivas son más
eficaces, más baratas y encima, tienen menores efectos secundarios.

-Y supongo que empezó a preguntarse por qué en la facultad nadie le había
hablado de esas terapias alternativas no agresivas

Así es. Luego mi mente fue más allá y empecé a cuestionarme cómo era posible
que se tratara de charlatanes a personas a las que yo misma había visto curar y
por qué se las perseguía como si fueran brujos o delincuentes. Por otra parte,
como médica había participado en muchos congresos internacionales -en algunos
como ponente- y me di cuenta de que todas las presentaciones y ponencias que
aparecen en tales eventos están controladas y requieren obligatoriamente ser
primero aceptadas por el “Comité científico” organizador del congreso. ¿Y quién
designa a ese comité científico? Pues generalmente quien financia el evento: la
industria farmacéutica. ¡Sí, hoy son las multinacionales las que deciden hasta
qué lo que se enseña a los futuros médicos en las facultades y qué se publica y
expone en los congresos de medicina! El control es absoluto.

-Y eso fue clarificador para usted…
Y tanto. Darme cuenta del control y de la manipulación a la que están sometidos
los médicos -y los futuros médicos, es decir, los estudiantes- me hizo entender
claramente que la Medicina es, ante todo, un negocio.

La Medicina está hoy controlada por los seguros -públicos o privados, da igual-
porque en cuanto alguien tiene un seguro pierde el control sobre el tipo de
medicina al que accede. Ya no puede elegir. Es más, los seguros determinan
incluso el precio de cada tratamiento y las terapias que se van a practicar. Y es
que si miramos detrás de las compañías de seguros o de la seguridad social...
encontramos lo mismo.

-El poder económico
Exacto, es el dinero quien controla totalmente la Medicina. Y lo único que de
verdad interesa a quienes manejan este negocio es ganar dinero. ¿Y cómo ganar
más? Pues haciendo que la gente esté enferma... porque las personas sanas no
generan ingresos. La estrategia consiste, en suma, en tener enfermos crónicos
que tengan que consumir todo tipo de productos paliativos, es decir, para tratar
sólo síntomas; medicamentos para aliviar el dolor, bajar la fiebre, disminuir la
inflamación... pero nunca fármacos que puedan resolver una dolencia. Eso no es
rentable, no interesa. La medicina actual está concebida para que la gente
permanezca enferma el mayor tiempo posible y compre fármacos; si es posible,

UN SISTEMA DE ENFERMEDAD

-Infiero que ésa es la razón de que en su libro se refiera al sistema sanitario como
“sistema de enfermedad”

Efectivamente. El llamado sistema sanitario es en realidad un sistema de
enfermedad. Se practica una medicina de la enfermedad y no de la salud. Una
medicina que sólo reconoce la existencia del cuerpo físico y no tiene en cuenta ni
el espíritu, ni la mente, ni las emociones; y que además trata sólo el síntoma y no
la causa del problema. Se trata de un sistema que mantiene al paciente en la
ignorancia y la dependencia y al que se estimula para que consuma fármacos de
todo tipo.

-Se supone que el sistema sanitario está al servicio de las personas
Está al servicio de quien le saca provecho: “la industria farmacéutica”. De manera
oficial -puramente ilusoria- el sistema está al servicio del paciente pero,
oficiosamente, en la realidad, el sistema está a las órdenes de la industria que es
la que mueve los hilos y mantiene el sistema de enfermedad en su propio
beneficio. Se trata, en suma, de una auténtica mafia médica, de un sistema que
crea enfermedades y mata por dinero y por poder.

-¿Y qué papel juega el médico en esa mafia?
El médico es -muchas veces de forma inconsciente, la correa de
transmisión de la gran industria. Durante los 5 a 10 años que pasa en la
Facultad de Medicina el sistema se encarga de inculcarle unos determinados
conocimientos y de cerrarle los ojos a otras posibilidades. Posteriormente, en los
hospitales y congresos médicos, se les refuerza en la idea de que la función del
médico es curar y salvar vidas, de que la enfermedad y la muerte son fracasos que
debe evitar a toda costa y de que la enseñanza recibida es la única válida.

Además se les enseña que el médico no debe implicarse emocionalmente y que es
un “dios” de la salud. De ahí que incluso exista caza de brujas entre los propios
profesionales de la medicina. La medicina oficial, la “científica”, no puede
permitir que existan otras formas de curar que no sean serviles al sistema.

-El sistema, en efecto, pretende hacer creer que la única medicina válida es la
llamada “medicina científica”, la que usted aprendió y de la que ha renegado.
Precisamente en el mismo número en que va a aparecer su entrevista publicamos
un artículo al respecto

La medicina científica está enormemente limitada porque se basa en la física
materialista de Newton: tal efecto obedece a tal causa. Y, por ende, tal síntoma
precede a tal enfermedad y requiere tal tratamiento. Se trata de una medicina
que además sólo reconoce lo que se ve, se toca o se mide y niega toda conexión
entre las emociones, el pensamiento, la conciencia y el estado de salud del físico, y
cuando se la importuna con algún problema de ese tipo le cuelga la etiqueta de
“enfermedad psicosomática” al paciente y le envía a casa tras recetarle pastillas
para los nervios.

-Es decir, que a su juicio, la medicina convencional sólo se ocupa de hacer
desaparecer los síntomas.

Salvo en lo que a cirugía se refiere, los antibióticos y algunas pocas cosas más,
como los modernos medios de diagnóstico, sí. Da la impresión de curar pero no
cura. Simplemente elimina la manifestación del problema en el cuerpo físico pero
éste, tarde o temprano, resurge.

-A su juicio, pues, dan mejor resultado las llamadas medicinas suaves o no
agresivas

Son una mejor opción porque tratan al paciente de forma holística y le ayudan a
sanar... pero tampoco curan. Mire, cualquiera de las llamadas medicinas
alternativas constituyen una buena ayuda pero son sólo eso: complementos.
Porque el Verdadero médico es Uno Mismo y cuando uno es consciente de su
soberanía sobre la salud deja de necesitar terapeutas. El enfermo es el único que
puede curarse. Nadie puede hacerlo en su lugar. La Autosanación es la única
medicina que cura. La cuestión es que el sistema trabaja para que olvidemos
nuestra condición de seres soberanos y nos convirtamos en seres sumisos y
dependientes. En nuestras manos está, pues, romper esa esclavitud.

-Y, en su opinión, ¿por qué las autoridades políticas, médicas, mediáticas y
económicas lo permiten? ¿por qué los gobiernos no acaban con este sistema de
enfermedad, costosísimo por otra parte?

A diferentes escalas y con distintas implicaciones, por supuesto, la industria
farmacéutica, las autoridades políticas, los grandes laboratorios, los hospitales,
las compañías aseguradoras, las Agencias del Medicamento, los colegios de
médicos, los propios médicos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) -el
Ministerio de Sanidad de la ONU- y por supuesto, el gobierno mundial en la
sombra del dinero.

-Tenemos entendido que para usted la organización mundial de la salud es ’la
mafia de las mafias

Así es. Esa organización está completamente controlada por el dinero. La OMS es
la organización que establece, en nombre de la salud, la “política de enfermedad”
en todos los países. Todo el mundo tiene que obedecer ciegamente las directrices
de la OMS. No hay escapatoria. De hecho, desde 1977, con la Declaración de
Alma Ata, nadie puede escapar de su control.

-¿En qué consiste esa declaración? –

A ese respecto tengo tres hipótesis. La primera es que quizás no saben que todo
esto está pasando... pero es difícil de aceptar porque la información está a su
alcance desde hace muchos años y en los últimos veinte años son ya varias las
publicaciones que han denunciado la corrupción del sistema y la conspiración
existente.

La segunda hipótesis es que no pueden acabar con ello... pero también resulta
difícil de creer porque los gobiernos tienen el suficiente poder.

-Y la tercera, supongo, es que no quieren acabar con el sistema
Pues lo cierto es que, eliminadas las otras dos hipótesis, ésa parece la más
plausible. Y si un Gobierno se niega a acabar con un sistema que arruina y mata a
sus ciudadanos es porque forma parte de él, porque forma parte de la mafia.

-¿Quiénes integran, a su juicio, la “mafia médica”?

Se trata de una declaración que da a la OMS los medios para establecer los
criterios y normas internacionales de práctica médica. Se desposeyó así a los
países de su soberanía en materia de salud para transferirla a un gobierno
mundial no elegido cuyo “Ministerio de salud” es la OMS. Desde entonces
“derecho a la salud” significa “derecho a la medicación”. Así es como se han
impuesto las vacunas y los medicamentos a toda la población del globo.

-Una labor que no se cuestiona

Claro, porque, ¿quién va a osar dudar de las buenas intenciones de la
Organización Mundial de la Salud? Sin embargo, hay que preguntarse quién
controla a su vez esa organización a través de la ONU: El poder económico.

-¿Cree que ni siquiera las organizaciones humanitarias escapan a ese control?

Por supuesto que no. Las organizaciones humanitarias también dependen de la
ONU, es decir, del dinero de las subvenciones. Y por tanto, sus actividades están
igualmente controladas. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras creen que
sirven altruistamente a la gente pero en realidad sirven al dinero.

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