18 de octubre de 2011

La importancia de la atención



LA ATENCIÓN Y SU RELACIÓN CON LOS SENTIDOS (I)

Francisco Nieto

Hablar de la atención es como hablar de la concentración puesto que, al fin yal cabo,
trata de enfocar la mente en algo concreto de la misma manera que una lupa
concentra los rayos del sol. Podemos poner atención a un paisaje de forma general, pero si
centramos más la atención en las partes y detalles obtendremos más información sobre su
composición y naturaleza. Se suele decir que la mente siempre está pensando en mil
cosas a la vez, eso es lo contrario a la concentración o atención, sin embargo, una
persona puede estar (como ejemplo) hablando seriamente con otra a la vez que se
entretiene haciendo algo con sus manos. Esto nos lleva a la conclusión de que se puede
actuar de forma automática o instintiva, y por tanto no se necesita atención voluntaria.
Cuando hablamos de atención nos referimos a un “acto voluntario con intención” y esto
no tiene nada que ver con los hábitos de la mente y acciones automáticas, sin embargo,
si queremos ser dueños de nuestros vehículos también tendremos que controlar estas
acciones y respuestas que, en general, perjudican más que ayudan.

La atención es la base para el desarrollo del poder de la voluntad y de la razón, por
ejemplo: cuando leemos algo que no llegamos a comprender del todo, si ponemos
atención voluntaria y utilizamos la mente para razonar, es fácil que entendamos lo que
quiere decir; o bien, el hecho de hacer un dibujo mientras hablamos por teléfono o
hacerle con la atención puesta después de colgar el teléfono. Por eso se dice que la
tención es algo así como: ”enfocar la mente más allá para extraer un conocimiento”.
Uno de los aspectos mentales que se relacionan con la atención es la memoria porque,
a mayor atención y razonamiento del hecho u objeto, mayor memorización. El grado
con que un hecho afecta a la mente tiene relación con el grado de atención prestado
al hecho mismo, de aquí que se diga que las personas que son poco atentas a lo
que ocurre a su alrededor, tienen menos memoria que los que lo son.

Podemos clasificar la atención en involuntaria y voluntaria, pero si de verdad queremos
hacernos buenos observadores para fortalecer la memoria y para ser conscientes del
mundo que nos rodea, debemos ejercitar la atención voluntaria. Cuando algo nuevo o
llamativo atrae nuestra atención entra en juego la atención involuntaria, pero si de vedad
queremos estudiar el hecho y adquirir un conocimiento profundo del mismo deberemos
poner voluntad en su observación; esto es la atención voluntaria. Algunas de las
ventajas de la atención voluntaria son:

1º.-Obtención de más conocimiento.
2º.- Desarrollo de la memoria.
3º.- Mejor toma de consciencia del hecho para que, después de la muerte, podamos
extraer mayor provecho de las experiencias de la vida.

Esto se puede aplicar igualmente a los aspectos internos de la mente y del Yo así
como a todo lo externo que nos rodea. La atención involuntaria es más activa en los
niños porque no se esfuerzan en tomar consciencia de los hechos, sin embargo, en
la gran mayoría de los adultos también ocurre lo mismo porque no queremos esforzarnos
o por la ignorancia de saber la gran utilidad que tiene. De hecho, si nos esforzáramos
en estar atentos a todo lo que nos ocurre y nos rodea desarrollaríamos en un
mayor grado las facultades mentales.

Aunque parezca que es así, la mente no puede estar atenta a dos cosas o asuntos
a la vez por muy rápida y cambiante que sea. Y, precisamente por eso, si queremos
ver las cosas con más claridad, debemos estar atentos consciente y voluntariamente.
Cuando practicamos esta atención consciente llega más claramente al cerebro la
información y resuelve mejor el asunto o renueva los patrones guardados de otras
experiencias pasadas; lo que no suele ocurrir si no prestamos atención. La atención
también desarrolla el poder de los sentidos de percepción y prueba de ello es que si
escuchamos atentamente lo que dice una persona nos enteraremos de lo que
dice pero si no ponemos atención nos enteraremos de muy poco. También facilita la
asociación y combinación de ideas y hechos guardados en la memoria, digamos que
reúne en un solo punto toda la información adquirida sobre determinado hecho para
poder analizarlo, razonarlo y guardarlo. Así es que la atención voluntaria estimula
todas las facultades mentales y agudiza los sentidos. Se puede denominar a una
persona de “mente débil” por el hecho de ir por la vida sin prestar atención o sin
observar voluntariamente lo que ocurre a su alrededor porque, de esa forma, será
poco consciente; esto mismo pero en un grado superior es lo que comúnmente
llamamos “persona idiota”.

La atención voluntaria es de gran ayuda al Yo superior puesto que la mente
busca conocimiento, pero es precisamente la atención la que, unida a la razón,
selecciona la información que de determinado hecho interesa. Si dentro de
una información de los sentidos hay muchos aspectos, es la atención la que facilitará la
selección y la toma de conciencia de los aspectos que más interesen para asociarlos a
lo experimentado o conocido en otras ocasiones. Los investigadores, científicos y gente
eminente deben su éxito a la atención voluntaria o concentración, de hecho, el que
ejercita la atención a diario, está más capacitado para los trabajos intelectuales. Estas
personas que aplican la atención de una forma concentrada en sus asuntos, llegan a
obtener ideas y conocimientos del mundo del Yo superior por medio de la intuición.

No es necesario razonar mucho para darse cuenta de que el interés juega un papel
fundamental en la atención puesto que éste la intensifica. El común de la humanidad
suele poner interés en los placeres y en todo lo que, a fin de cuentas, les hace egoísta,
y de ahí el lento desarrollo de las facultades mentales. Suele ocurrir que los
conocimientos y enseñanzas que nos pueden ayudar a desarrollarnos mental y
espiritualmente no atraigan nuestro interés precisamente porque sabemos que debemos
esforzarnos o sacrificarnos. El interés es muy útil para el desarrollo espiritual en cualquier
aspecto de la vida y como ejemplo pondremos dos simples casos:



1ª.- Ver una persona sentada inmóvil en la calle puede hacer que reaccionemos con
interés o con indiferencia; la indiferencia no nos aportará beneficio en ningún sentido
pero el interés puede traer muy buenos resultados para ambas persona y en sentido espiritual.
2ª.- La lectura de libros de autoayuda, de filosofía oculta o cualquier otro que
pueda ayudar a una persona a superarse a sí misma; si se leen con interés tendrán
un efecto positivo sobre la persona, si no se pone interés de nada servirá




Analizando el interés y la atención voluntaria detenidamente nos podemos dar
cuenta de que el interés aumenta el poder de la atención, pero también que la
atención despierta el interés; lo que nos lleva a tener presente en todo momento
que deberíamos ser observadores de todo cuando ocurre
a nuestro alrededor y de nosotros mismos.

La práctica de la atención voluntaria fortalece la voluntad, lo que significa que la
mente está disciplinada por la voluntad, y esto es muy importante para el autocontrol
personal ante tantas tentaciones, malos deseos y peores pensamientos. Para educar a
la mente es aconsejable la práctica de la observación, la concentración, la meditación y
la atención voluntaria. Esto es necesario porque la mente no suele poner atención en
cosas o hechos que no la interesan; sin embargo, esta disciplina mental es importante
porque la atención relaciona la mente con el objeto u hecho. Así es que, como la mente,
comúnmente, no está preparada para mantener la atención sobre algo por mucho tiempo,
es conveniente disciplinarla por medio del interés y de la persistencia en el ejercicio.

Está demostrado que si queremos obtener más provecho (en todos los sentidos) de
nuestros asuntos y acciones en el mundo no debemos interesarnos y trabajar en
varias cosas a la vez porque entonces no profundizamos en ninguna de ellas. A su
vez, si estamos interesados y atentos a una sola cosa, es muy importante que no
permitamos interferencia alguna en la mente, bien sea del interior o del exterior. Esta
actitud no solo ayuda a profundizar en el asunto que tengamos entre manos, sino
que relacionará el motivo de atención con otros aspectos que otras personas
pasarían inadvertidos. Es importante saber que cuanta más atención se ponga en
un hecho más profundamente se grabará en la mente, lo que significa que más a
mano lo tendremos para futuras ocasiones. Esto es digno de consideración respecto
a nuestros momentos de oración y respect0 a crear buenos hábitos, sentimientos y
pensamientos entre otros. Sabiendo que la memoria se forma principalmente por la atención
voluntaria sobre lo que hacemos y que el grado de memoria depende del grado de interés
y atención que se ponga, deberíamos ser más observadores de nuestras actitudes y
reacciones para interesarnos y poner atención en lo verdadero, lo bello, lo justo y en
hacer el bien a todo ser viviente. No olvidemos que lo que grabamos hoy en la memoria
gracias a la atención consciente y al interés, será la
base de lo que queramos hacer en el futuro.

Como ya hemos dicho, es necesario acostumbrarse a no hacer o no pensar en varias
cosas a la vez, es decir, no estar haciendo una cosa a la vez que se piensa en otra; esto
suele llevar al fracaso. El progreso en este sentido y el éxito, se alcanza cuando uno pone
toda su atención sobre un asunto y luego pone el mismo empeño e interés en otro pues,
lo lógico es que la mente y las manos actúen al unísono. Está demostrado que las cosas
se hacen mejor cuando se centra toda la atención y el interés en ellas, o sea, si estoy
escribiendo no debería estar pensando en lo que voy a comer o dónde voy a ir más
tarde. Es más, al hacer una sola cosa, ahorraremos tiempo y la terminaremos antes
que si hacemos varias puesto que esa atención concentrada hace que profundicemos
más en el asunto y que obtengamos antes la solución. No se debe doblegar la mente
ni la voluntad a los deseos, sentimientos, interferencias mentales y hábitos de la
personalidad porque éstos sólo harán que entorpecer y distraer la atención. Me atrevería
a decir que, cuando estemos haciendo algo, además de poner atención e interés, lo
mejor es olvidarse de uno mismo. Sí, la personalidad con sus sentidos debe estar
presente en la obra, debe volcarse al 100 por 100 a la vez que cumple con la voluntad
del Yo superior. Por tanto, hay que poner toda la atención en el presente y hay que
olvidarse del pasado y del futuro si queremos hacer las cosas bien.

Aunque a algunos todavía les parezca increíble, está claro, para la mayoría de las
personas, que nuestros sentidos no perciben sino que son simples transmisores de
una serie de vibraciones que, procedentes del exterior, son la base para que el cerebro
forme la imagen o concepto de lo que transmiten dichos sentidos. Es la mente la que
percibe las imágenes que forma el cerebro y es el observador o pensador (el Yo superior)
el que toma consciencia de ellas; por tanto, si se cultiva la percepción voluntaria estaremos
haciendo el papel de la mente pero con la posibilidad de extraer más conocimiento de
lo que transmiten los sentidos. Si el Yo superior o Ego se vale de la mente para obtener
conocimientos y para evolucionar, está claro que deberíamos desarrollar todos los
aspectos y todas las posibilidades de la mente, pero como la mente sin los sentidos
no puede cumplir su misión, deberíamos también desarrollar los sentidos. Aunque
en ocultismo se diga que los sentidos engañan y que muestran un mundo irreal que
nada tiene que ver con el mundo del Yo superior o del Espíritu, lo cierto es que, al igual
que ocurre con el cuerpo físico, si no tuviéramos sentidos o éstos no funcionaran
correctamente no progresaríamos como lo hacemos en cada vida. Así es que, lo mismo
que sería absurdo no cuidar el cuerpo físico por el hecho de saber que no somos
nosotros, también sería absurdo que no diéramos importancia a los sentidos
evitando así su desarrollo.

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