11 de octubre de 2011

Cómo superar un trauma


Todos sabemos que un hecho traumático puede llegar a desequilibrarnos, sin embargo pocos saben que disponemos de muchos recursos para enfrentarlo.

Una enfermedad, una muerte repentina, un accidente, una desilusión amorosa, una pérdida económica, etc., puede amenazar seriamente nuestra vida, deprimirnos, quitarnos las ganas de vivir y las fuerzas para seguir adelante.

Muchas veces, pasar por una circunstancia difícil nos lleva a experimentar que todo lo que hemos construido parece derrumbarse y nos obliga a cambiar de perspectiva para seguir viviendo.

Según la personalidad que se tenga será el estilo de la estrategia para enfrentar los problemas.

Las personas de acción se preocupan en buscar una solución, una salida; otros prefieren pedir ayuda y compartir el dolor; hay otros que necesitan estar solos sin hablar y también quienes tratan de eludir sus pensamientos para no sufrir.

La persona de acción elabora un mapa de la situación y busca la alternativa más adecuada para enfrentar una situación traumática. Generalmente es una persona que necesita sentirse útil haciendo algo para controlar los hechos, que cree que todo está en sus manos y que es su responsabilidad.

En este caso, no suele buscar apoyo ni compartir su problema con otros y tiende a enfrentar sola el hecho, asumiéndolo como un desafío.

Este exceso de preocupación puede llevar a esa persona a perder de vista cosas importantes como la necesidad de otros que también están involucrados, que pueden estar deseando colaborar.

Los que buscan ayuda y se apoyan en otros en momentos difíciles y hacen lo mejor que pueden, tienden a sentirse más contenidos, con la sensación de formar parte de un grupo y le brindan la posibilidad a los demás de colaborar y sentirse útiles.

Los que huyen frente a una situación grave y se alejan del dolor con la idea de olvidarse, actúan negando la realidad a veces bloqueados emocionalmente para no sufrir o recurriendo a las drogas o el alcohol.

Los que se refugian en ilusiones o en un falso optimismo, esperando una solución mágica, son los que sienten que la fantasía les brindará más satisfacción que la vida real.

El trabajo excesivo también sirve para evitar enfrentar problemas graves, porque es una buena excusa que permite aislarse de las dificultades, a veces hasta tener las fuerzas para encararlos.

El que habla demasiado con todo el mundo de su problema puede aumentar sus sentimientos negativos y su sufrimiento, regodeándose en el dolor. Es necesario saber que frente a un suceso desagradable que perdura en el tiempo, lo mejor es permitirse pasar algún momento gratificante, principalmente para estar en mejores condiciones para enfrentarlo.

Los que capitalizan las situaciones difíciles para salir fortalecidos de ellas o ven los obstáculos como desafíos, son los que se convierten en líderes durante las catástrofes.

Los que se aíslan socialmente y prefieren llevar la carga solos, la estrategia es ocultar sus sentimientos y no dejar que los demás conozcan su situación ni su estado de ánimo.

Los que se esfuerzan en mantenerse calmos, se expresan en forma constructiva y pueden relajarse, son los que pueden evitar desbordes y actuar en forma coherente según las circunstancias.

Los que se complacen en buscar culpables cuando se produce un hecho desgraciado, son los que necesitan proyectar su ira sobre otros.

Los que recurren al humor, son los que tienen la mejor actitud para manejar una situación conflictiva y los que pueden controlar con mayor eficacia la ansiedad, viendo el aspecto ridículo que tiene.

Los que han sufrido desgracias personales y transmiten a la sociedad su deseo de evitar que les ocurra lo mismo son los que crean organizaciones para prevenir el sufrimiento de otros y paliar su propio dolor.

Muchos creen que todos están en las mismas condiciones para enfrentar los problemas pero no es así, porque cada uno tiene su propia estrategia y hace lo que puede. Lo mejor es comprometer a los demás con las pequeñas ayudas que puedan brindar porque cada persona tiene un modo de reaccionar frente a la adversidad.

Contar con la mayor cantidad de estos recursos será la mejor condición para enfrentar hechos traumáticos.

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