12 de septiembre de 2011

Trastorno paranoide de la personalidad


Este trastorno se caracteriza por la actitud desconfiada y suspicaz de quien la padece, sospechas que generalmente son infundadas.

La familia es el factor más importante para la prevención de los trastornos de la personalidad y de los problemas psicopatológicos aunque exista una predisposición orgánica.

Un trastorno de personalidad se conoce comúnmente como la dificultad para relacionarse y para socializar. Sin embargo, estos problemas pueden presentarse durante un período del desarrollo y no significa que se trate de este trastorno.

El trastorno de la personalidad es una forma de comportamiento inadaptado, generalizado, que persiste en el tiempo y queda muy arraigado.

Esta alteración se manifiesta en los rasgos de carácter que pueden ser psicodinámicos, cognoscitivos y emocionales.

El trastorno paranoide de la personalidad presenta algunas singularidades. Los que lo padecen tienen la tendencia generalizada sin fundamento de interpretar el comportamiento de otras personas como mal intencionado y deliberado, pero no presentan otros síntomas psicóticos como delirios o alucinaciones, como ocurre con otras patologías como la esquizofrenia paranoide y otras enfermedades mentales con síntomas semejantes.

El criterio mundial para el diagnóstico de este trastorno es la actitud de desconfianza y suspicacia general al comenzar la etapa adulta y la interpretación deformada de que los otros tienen malas intenciones, son desleales, infieles, los engañan y los llenan de dudas que no se justifican.

Es evidente en personas que tienen continuas sospechas injustificadas sobre la infidelidad de su cónyuge o pareja.

Aunque sea verdad que los seres humanos nacemos con ciertas estructuras biológicas que pueden condicionar el desarrollo de una patología, no es esta la única causa de una enfermedad mental; ya que es el entorno social el que hace que una persona con cierta tendencia orgánica desarrolle o no una patología, porque un contexto desfavorable puede ser un elemento perturbador en el desarrollo psicológico, social, biológico y espiritual de una persona.

La familia puede ser la clave en la prevención, como factor primario de salud, si favorece las relaciones afectivas estables y positivas y ejerce la influencia necesaria para la formación del carácter que evite el riesgo de desencadenar una enfermedad mental, aunque existan condicionamientos biológicos que la predispongan.

Las funciones psíquicas superiores se desarrollan a través de lo histórico y lo cultural, afirmaba Lev Vigotsky (1896-1934), que fue uno de los primeros en dedicarse a la psicología del desarrollo.

La sociedad tiene un papel preponderante en la prevención de los trastornos de la personalidad y es el desarrollo social el que debe permitir que un individuo pueda crecer sano y normal, favorecer su bienestar personal y una buena calidad de vida.

Existen distintos criterios con respecto a la definición de la personalidad. Arthur Vladimirovich Petrovsky afirma que es la forma superior de regulación de lo psíquico; en tanto que el psicólogo Fernando Gonzáles Rey, sostiene que la personalidad se estructura mediante formaciones psicológicas primarias y formaciones motivacionales complejas.

Ambos coinciden en que un trastorno de personalidad es la anomalía que se produce en el carácter además de las conductas inadaptadas del sujeto que afectan su vida y la de su familia.

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