12 de septiembre de 2011

Los Sueños y el Inconsciente, según Jung


La mayor hazaña del hombre es cumplir con su destino

El pensamiento de Jung fue un aporte muy importante para la Psicología. Introdujo los conceptos de extraversión e introversión y el de arquetipo, que fue una contribución innegable para la comprensión del funcionamiento psicológico humano.

El inconsciente para Jung no es un mero reservorio de los deseos reprimidos sino un universo más real e infinitamente más rico para un individuo que su propia conciencia.

El lenguaje del inconsciente son los símbolos y el medio para comunicarlos son los sueños. El inconsciente es el consejero de la conciencia.

Los sueños son simbólicos pero no existen normas generales para la interpretación de los sueños.

La interpretación de los sueños y de los símbolos depende en gran parte de las circunstancias individuales del soñante y del estado de su mente.

Los sueños sirven de compensación y con frecuencia revelan elementos que no son individuales y que no se derivan de la experiencia personal del soñante. Esos elementos son los arquetipos o imágenes primordiales, formas mentales que no se pueden adjudicar a la vida del sujeto y que parecen ser innatas, heredadas por la mente humana.

Para la interpretación de los sueños el profesional debe conocer la mitología en su más amplio sentido, ya que sin esos conocimientos no se pueden hallar analogías importantes.

Un arquetipo es una representación de un motivo que puede variar sin perder su significado básico. Se manifiestan en impulsos, tan espontáneamente como los instintos.

Los sueños pueden revelar presentimientos o pronósticos. El inconsciente parece estar informado, parece ser capaz de examinar los hechos, llegar a conclusiones y pronosticar resultados, guiado principalmente por tendencias instintivas representadas por los arquetipos.

El hombre está impulsado a la acción por fuerzas internas y también por estímulos externos. Los motivos internos surgen de su origen profundo que en la mitología de los tiempos primitivos se llamaban “maná” o espíritus, demonios o dioses.

La interpretación de los sueños requiere un creciente conocimiento de la individualidad del soñante y la imaginación y la intuición son indispensables para comprenderlos.

Los símbolos que aparecen en los sueños son los intentos naturales para reconciliar y unir los opuestos dentro de la psique.

Por ejemplo, la imagen arquetípica del héroe evoluciona de manera que refleja cada etapa de la evolución de la personalidad humana.

Si un joven no se esfuerza por alcanzar una meta más elevada que la que conseguiría sin riesgo, no puede superar los obstáculos que se encuentran entre la adolescencia y la madurez.

Para un hombre la vida es algo que hay que conquistar con voluntad heroica pero para que una mujer se sienta satisfecha de si misma, necesita el despertar de su conciencia.

El sentido de perfección en un adulto se consigue mediante la unión de la conciencia con los contenidos inconscientes de la mente.

Jung descubrió no sólo que todos los sueños son significativos en diversos grados para la vida del soñante sino que todos ellos forman parte de las tendencias individuales que hacen posible el proceso de individuación.

El si mismo se puede definir como un factor de guía interior distinto de la personalidad consciente y que puede captarse mediante la investigación de nuestros propios sueños.

Su desarrollo depende del ego, si está dispuesto o no a escuchar el mensaje del si mismo.

La realización de la unicidad del hombre individual es la meta del proceso de individuación.

El simple hecho de cumplir nuestro destino es nuestra mayor hazaña, porque cada persona tiene que hacer algo diferente, algo que es únicamente suyo.

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