8 de septiembre de 2011

La Mala Fe


El nuevo paradigma atribuye a la conciencia la reparación de los errores. Todos participamos de una misma conciencia porque no existe nadie sin conciencia, aunque algunos parezcan disimularlo muy bien.

Cuando actuamos de mala fe lo sabemos, porque nadie puede ignorar la calidad de sus actos. Internamente tenemos la voz de la conciencia que nos delata.

Curiosamente la ley hace lo mismo. Si cometemos un delito no podemos defendernos legalmente diciendo que no sabíamos que se trataba de un delito porque se da por sentado que debemos conocer la ley.

La mala fe es hacer a los otros todo aquello que no nos gustaría que nos hagan a nosotros, por esta razón es difícil equivocarse en la evaluación de nuestros actos.

Un acto de mala fe tiene que ser reparado en su mismo nivel y la propia conciencia es la encargada de hacerlo.

Cada persona realiza las reparaciones de sus acciones según sus creencias y no existe juez más severo que nosotros mismos.

La naturaleza es el equilibrio entre la entropía o energía destructiva o negativa y la creación o energía constructiva o positiva.

Para cada acción hay una reacción o sea que cada causa tiene su efecto y en el Universo en que vivimos esta ley es inquebrantable porque el objetivo es el equilibrio.

El equilibrio es una tendencia natural. El organismo está en perfecta homeostasis y si ocurre un desequilibrio todas las funciones intentan restablecer el orden.

Lo mismo pasa a nivel emocional. Toda acción de mala fe causa un desequilibrio emocional y la conciencia de cada uno intenta repararlo.

La reparación no siempre es consciente y la mayoría de las veces podemos ser muy crueles con nosotros mismos sin saberlo.

Existe una manera de resolver un desequilibrio que es la creencia. Un poder superior puede equilibrarnos y devolvernos la paz si creemos en Él.

El poder superior sólo funciona si estamos verdaderamente arrepentidos, porque sólo el arrepentimiento sincero y el perdón borran las huellas del mal que hicimos.

El arrepentimiento hace que veamos las cosas de otro modo, modifica el odio que es negativo en amor que es la fuerza positiva por excelencia, estableciendo nuevamente el orden en nuestro interior.

Las enfermedades del cuerpo son también enfermedades de la mente. La corrupción de la materia expresa un conflicto emocional no resuelto porque ha ignorado a la conciencia y se mantiene en el inconsciente destruyéndonos.

La enfermedad no es necesaria, es sólo la consecuencia de la ignorancia.

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