4 de septiembre de 2011

La Leyenda Personal


El proceso de individuación tiene dos aspectos principales: por una parte, es un proceso interno o subjetivo de integración; por otra, es un proceso objetivo de relación igualmente imprescindible. Lo uno no puede ser sin lo otro, aunque el primer plano lo ocupe ora lo uno, ora lo otro. A este aspecto doble corresponden dos peligros típicos: uno consiste en que el sujeto utilice las posibilidades de desarrollo espiritual que la confrontación con lo inconsciente le ofrece para sustraerse a ciertas obligaciones humanas profundas y afectar una «espiritualidad» que nó sobrevive a la crítica moral; el otro peligro consiste en que las inclinaciones atávicas predominen en exceso y rebajen la relación a un nivel primitivo. Entre esta Escila y este Caribdis va el angosto camino para cuyo conocimiento la mística cristiana medieval y la alquimia han aportado grandes cosas.

La gente se dedica a la meditación para descubrir su orientación psíquica, obrar un trabajo de transmutación o alquimia espiritual.
*El Proceso de Individuación, nombre dado por Jung a la tendencia innata de la psique humana a encontrar su centro, su Sí-Mismo, es un camino progresivo de autoconocimiento, de desvelamientos de las proyecciones que nuestro inconsciente personal emana de forma natural, lo que supone una recuperación consciente de tales proyecciones y, consiguientemente, un gradual mayor conocimiento de uno mismo. Y ese Proceso de Individuación conlleva igualmente ser consciente de la acción de los arquetipos psíquicos en nuestra vida en varias etapas.*
Por eso se hace psicoterapia y psicoanálisis, se analiza los sueños y se crea arte.

*Imaginemos la psiquis humana como una esfera enorme, con una superficie consciente llena de facetas con marcas y colores, rellena de contenidos inconscientes, y con un núcleo central que es el YO interior o sí-mismo. Imaginemos en ese núcleo anidando las verdaderas necesidades y posibilidades de "ser". Podemos decir que la creatividad es lograr conectarse desde la superficie con ese YO, con ese sí-mismo, con ese núcleo luminoso interior, y descubrir o escuchar lo que allí tenemos. Así de simple y así de difícil.
Como nos ha enseñado el psicoanálisis, una gran porción de nuestro psiquismo se mantiene alejado de la conciencia. El famoso inconsciente, que Jung diferencia entre inconsciente personal, generado por nuestra propia historia, nuestra propia vida, y el inconsciente colectivo que sería el heredado donde recibimos la experiencia acumulada de la especie. El mismo Jung define también el sí-mismo, como el centro de nuestro yo, pero el centro real, que abarca tanto el consciente como inconsciente.
Heidegger, desde la filosofía, en el análisis existencial que hace del humano en su obra "El Ser y el Tiempo" nos habla exactamente de lo mismo. También las escuelas espirituales de Oriente coinciden en esto. Podemos decir entonces, con fundamento, que en la psiquis humana se distingue ese yo esencial o sí-mismo, una especie de centro de gravedad del yo total. Es como la concentración de lo que somos.
Tanto el psicoanálisis como la filosofía existencialista nos dicen que en ese centro están concentradas las posibilidades básicas de cada uno, sintetizadas en una especie de misión a desarrollar. Se nace con una tarea a cumplir de acuerdo a las posibilidades, al momento y lugar. Esa tarea se construye a lo largo de la vida, con la capacidad innata; condicionada por la herencia recibida, por el momento del nacimiento, por el ámbito familiar de los primeros meses y finalmente por el ámbito que rodea en los primeros años. Todo esto forman las posibilidades que puedo, o debo desarrollar. Cuando en el discurso cotidiano nos referimos a "estar realizados", ambiguamente nos referimos a esta situación: Hacer lo que debemos hacer para sentirnos mas YO, o más auténticos. Heidegger habla del vivir propio y del vivir impropio. La existencia es propia cuando nuestro accionar está alineado con necesidades esenciales. Para sentirme auténticamente "yo" necesito conectarme con esas necesidades que son flechas indicando hacia donde y con qué. Es una linda manera de entenderlo, imaginarnos que desde ese sí-mismo parten flechas apuntando en varias direcciones, y la tarea como seres humanos consiste en descubrirlas, en conocerlas y luego realizarlas*

Por eso algunas personas estudian las cartas del tarot, se hacen el I Ching, bailan, tocan el tambor, se dedican al teatro, tratan de desentrañar el significado de la poesía y rezan oraciones. Por eso hacemos las cosas que hacemos.
Lo hacemos para recoger los huesos.

Después tenemos que sentarnos junto al fuego y decidir qué canción utilizaremos para cantar sobre los huesos, qué himno de la creación, qué himno de la re-creación elegiremos. Y las verdades que digamos constituirán la canción.

*El ser humano se compone de tres Fuerzas: el yo instintivo, el ego personal y el ser espiritual. El yo instintivo, es nuestra parte más primitiva, más material. Se trata de las fuerzas primarias de la vida, que luchan ciegamente por existir siguiendo unas pautas comunes con todas las formas vivientes. Se trata de un poder en bruto que se si no se le domina nos arrastra, nos consume e incluso nos destruye finalmente. Rige la vida y la muerte de todas las cosas materiales. Pero también es la materia prima energética que permite cristalizarse a las otras dos fuerzas. Nuestro yo instintivo es la individuación de una fuerza de la que somos inconscientes y que se extiende por toda la Tierra. Es la fuerza ciega y poderosa de la vida. Un poder gigantesco y eterno que en los arquetipos de la mitología universal se le ha denominado comúnmente como El Dragón. Ese monstruo temible, ese poder de la tierra, de la vida y de toda materia, vive también dentro de cada uno de nosotros y a veces incluso puede devorarnos. La parte instintiva del yo individual o personal siempre permanece conectada, en un nivel profundo, con la Fuerza Universal del Dragón. Y ahí hay un gran misterio. Es una cacería. Se trata de un tipo de cazador muy especial. No un cazador de pobres e indefensos animales, sino un cazador espiritual. Un cazador que llama a su espíritu para cazar. Un cazador que adiestra y se hace amigo de su yo instintivo. Un cazador que caza las manifestaciones negativas de su ego personal para que mueran y ese ego sirva al espíritu. Ese campo de caza es el universo. Ese campo de caza eres tú mismo, cuando comprendas que el universo y tú sois una misma cosa. *

* La parte de nuestro cerebro que es más primitiva es el hoy llamado cerebro básico, instintivo o reptiliano. Es esa parte en la que estoy mientras me ocupo de cosas puntuales: fregar, lavar o coser. Alojado en el tronco cerebral, es la parte más antigua del cerebro y se desarrolló hace unos 500 millones de años. Se encuentra presente primordialmente en los reptiles. Los reptiles son las especies animales con el menor desarrollo del cerebro. El suyo, está diseñado para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, con muy poco o ningún proceso sentimental. Tiene un papel muy importante en el control de la vida instintiva. Se encarga de autorregular el organismo. En consecuencia, este cerebro no está en capacidad de pensar, ni de sentir; su función es la de actuar y hacer. En los seres humanos, esto incluye conductas que se asemejan a los rituales animales como el anidarse o aparearse. Se trata de un tipo de conducta instintiva programada y poderosa y, por lo tanto, es muy resistente al cambio. Es el impulso por la supervivencia: comer, beber, temperatura corporal, sexo, territorialidad, necesidad de cobijo, de protección... Es nuestro instinto funcional, territorial, responsable de conservar la vida y el que también, es capaz de cometer las mayores atrocidades. Nos sitúa en el puro presente, sin pasado y sin futuro y por tanto es incapaz de aprender o anticipar. No piensa ni siente emociones, es pura impulsividad. En el cerebro reptiliano se procesan las experiencias primarias, no verbales, de aceptación o rechazo. Aquí se organizan y procesan las funciones que tienen que ver con el hacer y el actuar, lo cual incluye: las rutinas, los hábitos, la territorialidad, el espacio vital, condicionamiento, adicciones, rituales, ritmos, imitaciones, inhibiciones y seguridad. Es el responsable de la conducta automática o programada, tales como las que se refieren a la preservación de la especie y a los cambios fisiológicos necesarios para la sobrevivencia. En síntesis: este cerebro se caracteriza por la acción. Su carácter más específico desde el punto de vista temporal es su adecuación al presente. Este primitivo cerebro es sobre todo como un guardián de la vida, pues en él están los mayores sentidos de supervivencia y lucha. Por su interrelación con los poros de la piel, los cuales son como una especie de interfase que poseemos con el mundo externo, es nuestro agente avisador de peligros para el cuerpo en general. Permite con rapidez la adaptación por medio de respuestas elementales poco complicadas emocional o intelectualmente. Esta conducta no está primariamente basada en consideraciones basadas en las experiencias previas ni en los efectos a medio o largo plazo. Es en este primer cerebro donde las adicciones son muy poderosas, tanto a algo como a alguien o a una forma de actuar. Sustenta una parte de la mente inconsciente, o subconsciente, donde se graba, se aloja y se desarrolla aquello que determina la mayoría de miedos y fobias que conforman la mente reactiva, la cual, en algunas ocasiones, lleva al ser humano a comportarse como un animal salvaje. Este es el cerebro que da origen a la Tríada del Instinto. *

* Todo ser es guiado por la voz interna. Esta voz es llamada instinto, impulso natural, sentimiento interior e intuición. Esta voz silenciosa es muy perceptible, en el corazón y no espera a que la consulten, sino que ella siempre anticipa el hecho y si no es oída, a veces es porque la voz de la mente, del deseo en el hombre la acalla. Tratar de oír esta voz y vivir sus consejos es elevarse sobre el ritmo; es eludir el sufrimiento y ver el ciclo abierto ante sí a cada momento. *

Seré veraz, pues hay quienes confían en mí.
Seré puro, pues hay quienes se interesan.
Seré fuerte, pues hay mucho que sufrir.
Seré valiente, pues hay mucho que osar.
Howard Arnold Walter
Para ser veraces, puros, fuertes y valientes, lo que necesitamos es la voz interna. *

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