27 de marzo de 2010

Una persona que es muy perfeccionista y que no se permite a sí misma ningún fallo y que está extremadamente pendiente de la opinión de los demás es un firme candidato a no tener seguridad en sí mismo.

Además ambos factores suelen ir muy unidos, uno lleva al otro. Si no tenemos confianza en nosotros mismos prestaremos gran importancia a la opinión que los otros tienen sobre nosotros mismos.

La falta de seguridad afecta a todos nuestros planos de relación: familiares, de pareja, amistad, laborales, sociales, etc... Todo se ve afectado por nuestra manera de sentir.

En el ámbito profesional la falta de confianza en uno mismo se refleja desde la primera entrevista para encontrar trabajo hasta la repercusión dentro de las propias empresas donde cualquier posibilidad de mejora o de ascenso profesional se verá inmediatamente influida negativamente por ello.

En el ámbito de las relaciones podemos decir que han sido muchos los estudios que han analizado la relación entre personas con baja autoestima y dificultades para encontrar pareja. Hay muchos hombre y mujeres que ante la dificultad de establecer relaciones con otras personas se manifiestan de manera agresiva logrando “espantar” a las otras personas.

En cualquier ámbito de nuestra actividad diaria nuestra falta de seguridad puede tener consecuencias importantes. Cuando un persona no tiene seguridad en sí misma cae continuamente en situaciones en las que no se siente realizado, en las que piensa que no ha hecho lo que debía o lo que quería sino que se ha dejado llevar por los demás.

Una de las reacciones más frecuentes en este tipo de sujetos es adoptar una actitud agresiva, huraña, ante los demás. Los demás son el enemigo que solo piensa en engañarnos. De ahí se deriva una actitud antisocial.

La falta de seguridad en uno mismo puede llevarnos a enfermedades psiquiátricas graves, a la depresión o al alcoholismo.

La falta de seguridad puede derivarse en primer lugar en no identificar y no saber expresar las propias necesidades, los sentimientos, las emociones.

Una vez identificado que es lo que se quiere, se trata de saber expresarlo adecuadamente. Esto no es sencillo si se tiene una personalidad que tiende más hacia la introspección que hacia la extraversión, no obstante existen una serie de técnicas que pueden facilitar este tipo de tarea.

Se puede decir que en los primeros años de vida de cada persona se gesta cómo va ser esa persona y como va a relacionarse con los demás. Esa base puede luego ser modificada positiva o negativamente en virtud de las experiencias que esa persona vaya teniendo a lo largo de su vida.

Un niño tímido puede conseguir tener seguridad en sí mismo si es continuamente reforzado a lo largo de su vida, de la misma manera que un niño que a priori tiene seguridad en sí mismo puede perderla en la adolescencia o en la edad adulta si sus actuaciones no son lo suficientemente reforzadas desde el exterior.

Además cada personalidad acusa las opiniones ajenas o las críticas de manera distinta y mientras para unos puede llegar a ser traumática a otros casi ni les afecte.

Alcanzar seguridad en uno mismo es un ejercicio que debe realizarse a diario potenciando aquello que nos da energía positiva y relativizando aquello que puede herirnos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario