27 de enero de 2010


Fobias

El fóbico es el hermano menor del paranoico, el paranoico siente que todos lo persiguen, percibe el mundo como peligroso, en cambio el fóbico especializa y discrimina al perseguidor, pueden ser los perros, la oscuridad, algún insecto, las mujeres, las alturas, los encierros claustrofóbicos; tienen la fobia ubicada en un lugar y pueden manejarla, evitan eso y van tranquilos, no van donde hay perros, prenden todas las luces y más o menos la controlan. A veces lo logran con un acompañante contrafóbico, salen con determinado objeto o persona y se sienten tranquilos.


Histeria

Es un trastorno usual en la mujer, aunque también se da en el hombre. En ambos casos la estimulación erótica que prometen resulta frustrante a la hora de la resolución sexual (en criollo: “calienta la pava y no toma el mate”). En las crisis histéricas puede presentarse la despersonalización, como también trastornos físicos como desmayos, sensación de frío intenso, paralización. En los cuadros graves se acerca al trastorno esquizofrénico y en este caso se habla de psicosis histérica. El tratamiento de prescripción es el psicoanálisis, recordemos que la histeria es el cuadro central de la psicopatología freudiana.

Es, más bien, un cuadro de la burguesía. Podemos decir que requiere de un escenario elegante. En la villa el juego histérico, que es escena y seducción, no se puede mantener porque las necesidades son muy concretas y no permiten darse ese lujo: se mueren de hambre o la violan. La histeria era funcional en los grandes salones vieneses o actualmente en shopings lujosos.

El sexo se representa y no se presenta, no llega a la consumación, porque la seducción histórica es hacia el padre; cuando se acerca la consumación sexual aparece el tabú del incesto que la impide y el juego termina en frustración. Es un cuadro que nace de la represión de la sexualidad como ocurría en la sociedad victoriana.

Aclaramos que la persona no está mintiendo sino que cree en su representación, entra en lo que se llama trance histérico. Por eso Freud, en los primeros tiempos, trató las histerias con técnicas de hipnosis, induciendo el abandono del síntoma.

Tiende a generar conflictos triangulares por sus orígenes edípicos (la seducción al padre y la competencia con la madre).


Neurosis obsesiva

Tiene características opuestas a la histeria, la expresividad es mínima. La patología está centrada en los rituales obsesivos que controlan el entorno. Si en la histeria puede hablarse de una máscara, en la neurosis obsesiva sirve la imagen de la calesita que da vueltas continuamente, parece que avanza pero no va a ningún lado.

El obsesivo ordena pero no organiza su tarea, desarrolla actividades inútiles porque repite estereotipadamente sus maniobras. Están siempre abriendo y cerrando la llave del gas hasta que se quedan con la llave en la mano. Son pacientes angustiados y tensos.

Si la histérica puede resultar estimulante porque necesita seducir a su público o entorno, el obsesivo produce aburrimiento, es inexpresivo, un verdadero plomazo. Los dos cuadros desean retener el tiempo evanescente, la histérica representando su escena una y otra vez y el obsesivo repitiendo su ritual sistemáticamente. Los dos impiden la sensación existencial de pérdida pero al costo de no vivir vínculos reales.

En su base, son dos mecanismos psicológicos fundamentales para la vida social siempre que no se hipertrofien como enfermedad. El núcleo histérico permite la capacidad de ser expresivos, de demostrar emociones y con el núcleo obsesivo podemos organizar adecuadamente la realidad.

Tienen que ver con amor y trabajo que son las dos piernas para el viaje de la vida.

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