16 de diciembre de 2009


CAMBIE DE RELACIÓN...

Por Fabián Mozzati

Desarrollo Personal - Misión


Cada uno de nosotros tiene una relación especial con el tiempo: las cosas de nuestro pasado, del presente, y las que puedan suceder en el futuro, no nos son “indiferentes”. Al igual que ocurre con nuestras relaciones interpersonales, la relación con el tiempo puede ser fuente de felicidad y satisfacción... o de angustia y estrés.

Además de influir en nuestras emociones y en nuestra calidad de vida, la relación con el tiempo condiciona nuestra capacidad para utilizarlo productivamente y administrarlo convenientemente.

Podemos tener dos tipos de relaciones con el tiempo: pasiva o activa. Cuando tenemos una relación pasiva, nos sentimos esclavos del tiempo, con una ínfima posibilidad de influir sobre él. Esta pasividad se refleja -concretamente- en la forma en que nos relacionamos con el pasado, el presente y el futuro:

Tenemos una relación pasiva con el pasado cuando vivimos arrepentidos por las oportunidades perdidas y los errores cometidos, “torturándonos” acerca de aquello que hicimos, que dejamos de hacer, o que debimos haber hecho. También, cuando vivimos recordando “glorias del ayer” y pensando que “todo tiempo pasado fue mejor”: por ejemplo, pensamos en todo aquello que hacíamos cuando éramos más jóvenes. Nuestra pasividad se manifiesta también cuando nos sentimos “condenados” a actuar de acuerdo a ciertos determinismos, sin posibilidad de superar viejos traumas, heridas, hábitos, o actitudes. Es decir, cuando vivimos resignados a que nuestro presente y nuestro futuro estén determinados por nuestra historia.

Tenemos una relación pasiva con el presente cuando permitimos que las circunstancias, estados de ánimo y problemas actuales definan nuestras posibilidades. Al hacerlo, nos negamos a ver más allá de algunas limitaciones temporarias y permitimos que una perspectiva estrecha guíe nuestras acciones. También nos relacionamos pasivamente con el presente cuando vivimos pretendiendo obtenerlo o hacerlo todo, sobre-saturándonos de tareas y compromisos e impidiéndonos disfrutar de aquello que hacemos. La inacción producto de la postergación -o de la indecisión- para lograr nuestros propósitos, es otra señal de pasividad ante el presente.

Tenemos una relación pasiva con el futuro cuando vivimos preocupados por aquello que puede suceder, especulando e imaginando posibles escenarios, paralizándonos ante el fatalismo, o lanzándonos inconscientemente ante el triunfalismo. También, cuando vivimos apurados por llegar a ciertos lugares, por completar determinada tarea, impacientes ante las esperas, bajo la continua presión de que el tiempo no alcanzará. Vivir a la expectativa de un “milagro” -o de algún factor externo- que cambie nuestras circunstancias, es otra señal de pasividad ante el futuro.


Estas formas pasivas de experimentar el pasado, el presente y el futuro nos impiden utilizar el tiempo a nuestro favor y nos obligan a vivir bajo un gran estrés.

Afortunadamente, tenemos la capacidad de transformar una relación pasiva en una activa. Cuando lo hacemos, nos sentimos mucho más en control del tiempo y potenciamos el uso de este recurso. Para construir una relación activa con el tiempo, necesitamos modificar la manera en que nos relacionamos con el pasado, el presente y el futuro:

Podemos tener una relación activa con el pasado si vemos nuestra experiencia, como un “banco de lecciones” que nos ayuda a enfrentar las dificultades, retos y elecciones que tenemos por delante. También, si comprendemos que no tenemos por qué perpetuar aquellos hábitos del pasado que nos impiden lograr nuestros objetivos actuales. Otra forma de relacionarnos activamente con el pasado es crear espacios para curar las heridas que arrastramos, perdonar y perdonarnos. Cuando construimos una relación activa con el pasado, vemos la historia -nuestra y de nuestro entorno- como un recurso de aprendizaje y no como un determinismo.

Podemos tener una relación activa con el presente si trabajamos para crear las condiciones que nos permitan cumplir nuestras metas. Por ejemplo, si deseamos tener una mejor salud, dejamos de fumar hoy; o si pretendemos conseguir un mejor trabajo, comenzamos a capacitarnos ya mismo. También podemos lograr esta relación si actuamos para revertir nuestros condicionamientos y modificar aquellos hábitos inefectivos que arrastramos del pasado. Finalmente, si decidimos “estar presentes” en las cosas que hacemos, concentrados, con los ojos, la mente y el corazón abiertos para aprovechar a pleno la experiencia.

Podemos tener una relación activa con el futuro si identificamos nuestras metas y clarificamos nuestra visión. Comprender qué necesitamos, qué deseamos y qué posibilidades tenemos frente a nosotros, nos lleva a actuar en una dirección constructiva y responsable, en lugar de ir a la deriva esperando que “algo” o “alguien” actúe por nosotros. Para construir esta relación necesitamos estar lo suficientemente “alertas” como para identificar y aprovechar oportunidades que puedan conducirnos en la dirección deseada.


Utilicemos el pasado, el presente y el futuro, para construir la vida que queremos vivir. Cambiemos nuestra relación con el Tiempo: dejemos de relacionarnos pasivamente y comencemos a hacerlo activamente! Esto nos permitirá orientarnos a la acción: para aprender, planificar, decidir, disfrutar... y crecer.

12 de diciembre de 2009



>ESTUVE PENSANDO EN MIS CONTRADICCIONES
>
>Estuve pensando en mis contradicciones, en el sí y en el no, en lo que
>quiero ser, y en lo que soy, en lo que amo y también en lo que odio. ¿Cómo
>es posible que a veces odie lo que amo y ame lo que odio?
>
>He estado pensando en mis contradicciones, en el daño que hago a otros y que
>a veces me hago a mí mismo, por no tener las cosas claras, por no saber
>establecer mis prioridades.
>
>He estado pensando en mis contradicciones, en como a veces enfrento mis
>propios valores, con mi manera de actuar, y he comprendido que sigo siendo
>humano, quizás demasiado humano, que muchas veces el corazón, tiene razones
>que la razón no entiende. Y he llegado a la conclusión, que si aún dudo, es
>porque todavía no me he rendido, y al enfrentar la vida, me enfrento a
>dilemas.
>
>He estado pensando en mis contradicciones, y he dado gracias a Dios, por
>ayudarme a enfrentar, tantas preguntas, y a encontrar tantas respuestas...

>Las contradicciones se presentan en cada uno de nosotros a diario. Vamos a
>hacer algo y dudamos... Nos preguntamos si está bien o mal... Vamos a dar
>algo a alguien y pensamos cómo lo tomará... Sentimos amor pero luego también
>dudamos... Y así vamos de un lado al otro, paseamos por esas habitaciones
>que creamos en la mente, nos parece que una es mejor que la otra pero luego
>regresamos a la primera... No sabemos para dónde vamos o si lo sabemos no
>tenemos la certeza de saber si es lo mejor... Pero en ese ir y venir uno
>aprende... Crece... Es como el niño que está aprendiendo a escribir: le
>faltan algunas letras primero, otras son deformes, otras no están bien
>insertadas en la palabra... No se entiende, borra y vuelve a empezar, y poco
>a poco la palabra contiene todas las letras, no hay error, no se equivocó y
>dice: Bravo! Lo logré...
>Dudando crecemos, y por sobre todo en esas dudas, en esas contradicciones
>encontramos los obstáculos interiores que ponen freno a nuestras verdaderas
>emociones, a nuestros sentimientos y logramos entender que sólo superándolos
>logramos llegar a nuestra meta, a lo mejor de nosotros y a conocernos cada
>día más.
>Muchas cosas que nos suceden no tienen una explicación lógica. Mucho de todo
>lo que vivimos no puede ser analizado. Debemos entender que el corazón
>entiende razones que la razón no entiende...Entonces enfrentemos la vida
>dándole paso a la razón pero llevando en la mano nuestro corazón... De esta
>forma podremos enfrentar nuestras contradicciones y darnos cuenta que muchas de las respuestas que no encontramos en la mente están alojadas en nuestro corazón.

EL FLUIR DE LA VIDA

Cada día me convenzo más que no existe nada más urgente que hacer contacto consciente con el Alma porque allí están todas nuestras posibilidades. El Alma guarda las semillas de todo el potencial humano, es como un código genético universal que nos identifica como hijos de Dios, como partículas individualizadas de esa Gran Conciencia.

Hace mucho que descubrí que el camino espiritual se recorre quitando y no añadiendo. Nos hemos enfocado tanto en la vida material que nos vemos reflejados en las cosas que tenemos. El materialismo se ha convertido en un polo de atracción que nos define como poseedores y no como lo que somos, el alma, cuya naturaleza es el amor. No sólo acumulamos cosas, acumulamos conocimientos, personas, sentimientos, pensamientos. Y cada uno de estos elementos va ocultando la realidad de lo que somos. Es cuestión de quitar, de entregar todo el exceso de cosas que tenemos y quedarnos sólo con lo esencial. Esta naturaleza que algunos llaman “Aquello”, el Tao, la Presencia , el Alma está velada por la mente racional y su serie de creencias, ideas y su costumbre de estar siempre en acción; está velada por los deseos y apegos, está velada por los hábitos e instintos. Para hacer contacto con el alma, hay que quitar, develar, remover. Hay que empezar a recorrer las vías del silencio. Sólo en medio del silencio puede la sabiduría encerrada en nuestras almas elevarse, poco a poco, a la superficie de nuestra conciencia. Se trata, entonces, de producir en nosotros un espacio de tanta neutralidad que nos permita salir de la vida personal y entrar en las esferas del alma. Estos espacios neutros son espacios de profunda sensibilidad, son espacios de amor. Cargados de la esencia vital de la creación, existen en nosotros, en lo profundo de nuestro ser. Allí la vida se hace más ella misma. Como una forma de entrar en ellos busca un lugar adecuado, silencioso, en donde te puedas sentir en paz, en la posición que te resulte más cómoda y respira en cuatro tiempos, una respiración abdominal, profunda y suave. Y colocas tu atención en ella, para que la mente se vaya aquietando.

Haces las oraciones o decretos de tu preferencia. Te sugiero oraciones que ya están cargadas de fuerza, como la Gran Invocación , el Padre Nuestro, el Mantram de Unidad. Y cuando sientas que estás alineado y en paz imaginas que te enfocas en tu campo mental. Y dices mentalmente:
nada elijo, no juzgo. Y visualizas que tus pensamientos se alejan como aves que vuelan lejos. Entonces, invocas a los ángeles para que impregnen de neutralidad tu espacio mental y emitan su sonido. Y dejas que suceda. Luego te colocas en tu esfera emocional y allí dices mentalmente: Me sostengo sin deseos, sin preferencias ni aversiones. E invocas a los ángeles pidiéndoles que impregnen de neutralidad todo tu campo emocional y emitan su sonido. Luego te enfocas en tu cuerpo de energía, tu vehículo etérico y observas los espacios entre las diferentes líneas de energías de ese cuerpo y te enfocas allí, y vuelves a invocar a los ángeles para que impregnen de neutralidad tu campo etérico y emitan su sonido correspondiente. Entonces observas los espacios inter-atómicos de tu cuerpo físico y recuerdas que el 99,9% del átomo está vacío. Invocas a los ángeles para que impregnen tus espacios con el color de la neutralidad y entonen su sonido correspondiente. Y te dejas fluir, te dejas llevar por este estado neutro de la vida. Y entonces puedes pedir rectificación de todas las energías mal calificadas, de todas las decisiones contrarias al plan de tu alma, las que reconoces y las que no reconoces. Simplemente decretas y dejas que suceda. Y te dejas invadir por esta fuerza de Santa Neutralidad que es al Amor Divino.

Para este trabajo que te propongo, es muy importante el reconocimiento de la alianza humano-dévica existente en todo el Universo. Toda la Creación está impregnada de estas dos naturalezas, la humana y la dévica. Todo en la creación tiene estos dos principios. Los ángeles son los creadores de las formas, los sustanciadores del éter, ellos pueden crear las formas perfectas, ése es su trabajo, y el de nosotros, crear el diseño, dar la dirección. Nosotros ponemos la intención, la voluntad, la dirección, y ellos crean en los éteres, de acuerdo a esa intención. Cuando tu intención refleja el Plan Divino atraes devas muy elevados. Entonces los espacios se llenan de llamaradas de luz que responden al Divino Diseño. De esta manera, con el concurso de los ángeles podemos crear espacios de neutralidad que llenan la existencia de comprensión, de compasión, de amor. Visualiza tus espacios neutros, invoca a los ángeles, y respira con la certeza de que tienes el poder de permanecer en ese estado en el que sabes que eres el alma, lo sientes, lo vives. Cuando eso sucede se produce el fenómeno de irradiación porque permites la libre circulación de la energía del alma en ti. Esta irradiación se expande en ondas concéntricas y con tu sola presencia curas, elevas, redimes. Y entonces, como un milagro de la vida, todo se llena de amor, la más potente de las fuerzas de la naturaleza al alcance del hombre. Esta fuerza se oculta en el misterio de los espacios vacíos, aunque siempre llenos de plenitud, de la Conciencia Eterna.

Practica la neutralidad en tu vida cotidiana. En el estado de neutralidad no juzgamos, no criticamos, ni saltamos a conclusiones en relación a lo que sucede o vemos. No reaccionamos sino que respondemos. Gracias al estado de neutralidad podemos distanciarnos de lo que sucede fuera para convertimos en el observador que puede ver la totalidad y ejecutar la correcta acción. Nuestras relaciones mejoran porque cuando estamos con alguien lo podemos ver realmente y no a través de nuestros recuerdos porque la neutralidad nos coloca en el presente. Deja que el mundo se manifieste sin buscar entenderlo todo. Aprende a dejar que las cosas sucedan. Confía. Observa la vida y la vida te conducirá hacia tu meta. No juzgues, no le coloques etiquetas a las cosas. Confía en la Gran Conciencia , en el Alma Universal, que es la fuente de todas las cosas, el Gran Espacio Neutro Universal.

El Maestro Koot Hoomi dice
: “La vida es secuencia, no consecuencia.” No busques el camino de la felicidad, reconoce que la felicidad es el camino, es vivir, es existir. Es encontrarte cara a cara con tu esencia, es penetrar en el amor que es tu naturaleza y ser el amor. Deja de presionarte y agradece cada instante que la vida te regala. Que tu vida sea una dulce secuencia para que fluyas libre, en el libre fluir de la vida. Es mi deseo sincero para ti.


Con el amor de siempre,
Carmen Santiago

11 de diciembre de 2009



No he escrito mucho porque este tiempo no me he sentido con ganas de hacerlo, uno de los efectos secundarios de la esquizofrenia es la apatia, para mi es el mas temido efecto secundario, ya que aparece y paraliza hasta el tiempo, lo cual me llena de desesperacion ya que se que nadie lo entiende es como estar muerto en vida......

Una lágrima corre por la mejilla, aparentemente
sin motivo, sin pena alguna que la haga brotar,
ni pensamientos de ningún tipo, ningún sentimiento,
sólo tedio y apatía, ni siquiera desgana.

Líquido milagroso que, sin quererlo,
moja la tierra reseca de este desierto y
permite que las ideas florezcan por un minuto,
para adquirir conciencia de estar vivo.

Conocimiento terrible de mí mismo,
del deterioro fatal de funciones vitales,
sentimentales, gravemente dañadas
por la falta de estímulos emocionales.

Cuando mañana estés conmigo, entiéndeme,
dame tiempo, no preguntes si una lágrima
corre por mi mejilla, no te asustes,
pues ni yo mismo sé el motivo.

Son los hombres seres frágiles
que intentan ocultar sus debilidades y miserias
con máscaras de seres invulnerables,
de héroes, como si fueran Aquiles.

Deja que coloque mi cabeza en tu pecho desnudo
y aspire profundamente el olor de tu piel,
deja que me calme, acógeme, dame amparo,
mientras recupero mis fuerzas,
y no te inquietes si derramo una lágrima,
si acaso, cuéntame un cuento.
Isg

10 de diciembre de 2009


Yo pensaba que si dejaba que mis hijos tomen sus propias deciciones desde chicos podria poder comunicarme con ellos de manera franca y cordial, la pena es que no importa la experiencia en la vida que tengan los padres los hijos hacen lo que les da la gana.....de alguna manera siento que seria bueno lavarme las manos y dejar que se estrellen......

DADORES DE AMOR...

Aunque me lo combatan yo regalo todo lo que tengo...

Y le doy a todo el que quiera recibir....
¡No quiero dejar esa encomienda a mis herederos!
La vida se hace dando y dándose...

Y cada uno es encargado de su propio reparto.

No ser presencia de la vida, sino instrumentos de distribución...

dadores de AMOR.

Hay que dar espontáneamente...

sin poner al cuello del que recibe la cadena de la gratitud...
Porque se agrandará el espacio entre los dos.
El que da, se va entretejiendo con hilos dorados en la tela de la vida,

para irla rebordando, y cubrirse con ella al final de los años.

Hay quien tiene necesidad de dar como la rosa que sola te sale en el camino...

Y hay quien tiene necesidad de recibir como la semilla surgida de savia

para nutrirse y en ese trasiego de los unos con los otros, está la mano abierta de DIOS.
Dar lo que tenemos... es una batalla ganada por la generosidad,

a favor de otra persona... un regalo deseado y alegre.

Un traspaso sin firma, ni contrato... ni remuneración. ..

pero bien pagado por esa anchura luminosa que quedó en tu corazón.
Da lo que tienes, y quédate con lo único verdaderamente tuyo...

"el inmenso placer de poner en manos de otros, el alivio, el consuelo, la solución...

algo que les facilite la vida y los ayude a ser felices...

porque se puede dar sin amor... Pero no se puede AMAR sin DAR".


(Zenaida Bacardí de Argamasilla)

9 de diciembre de 2009

2.- Yo soy un ser único en toda la tierra, nadie me comprende mejor que yo, y nadie sabe lo que yo necesito mejor que yo. En este segundo principio se dan las bases para eliminar cualquier ofensa que las personas reciban de parte de otras; cualquier comentario que deprima a una persona podrá ser nulificado bajo este principio, ya que la persona reconoce que nadie puede opinar acerca de ella, puesto que nadie la conoce mejor que ella misma.

3.- Lo que recibo ahora es lo que sembré ayer, y lo que siembre ahora será lo que reciba mañana. Este tercer principio permite al ser humano reconocer que los problemas actuales son resultado de acciones incorrectas del pasado, pero que, por lo mismo, el momento presente es el indicado para ir sembrando un futuro.

4.- Ni el pasado ni el futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor en mi vida. Entendiendo este cuarto principio, la persona le dará todo el valor que tiene su momento presente y le restará importancia a los hechos pasados que le causan remordimientos, y a los hechos futuros que le causan angustia.

5.- Sólo yo decido lo que debo hacer en este momento. Es decir, el ser humano entiende que las influencias ajenas son tan sólo eso, influencias, y él es el único que puede decidir qué hacer en ese instante.

6.- Sólo en el amor y en la paz interior puedo tomar las decisiones correctas. Es decir, si hemos de actuar en el tiempo presente, tendremos que hacerlo en paz, y con amor, pues de esta manera, las acciones que tomemos estarán inspiradas en nuestra más alta capacidad tanto de servicio como de inteligencia.

7.- En mis decisiones tomaré siempre en cuenta el beneficio de los demás. Es decir, tomaré aquellas decisiones que beneficien a la mayor cantidad de personas; de esta forma, mi vida se estará encaminando hacia la más alta gloria que es la de recibir la compensación por el servicio prestado a los demás.

8.- Mi cara es el reflejo de mi estado interior. Es decir, cuidemos siempre el aspecto de nuestro rostro, adornémoslo siempre con la sonrisa, y que los ojos se encuentren siempre prestos a mandar una mirada de amor, porque de esta forma estaremos reflejando la serena armonía de quien ha aprendido a caminar en el sendero de la felicidad.

9.- Soy un hombre al servicio de la humanidad. Es decir, todo lo que yo haga, todo lo que yo diga, todo lo que yo piense o sienta, servirá para gloria de la humanidad, o bien, para perdición de ella.

10.- Yo tengo una misión en la vida, ser feliz y hacer feliz a los demás. Este último principio da sentido a nuestra existencia, y, a la vez, orienta nuestros esfuerzos hacia el beneficio de toda la humanidad.



5 de diciembre de 2009


Han pasado largos años desde que finalice mi compromiso de 4 años para subir a la montaña, y bajo esta perspectiva puedo decir que subi a la montaña para tambien implorar un sueño al universo.
El sueño de ser feliz.
Y fue en mis 4 años que de alguna forma tuve que desbaratarme, llorarme y aceptarme tal cual soy
para crear mi sueño y el sueño de miles de hombres y mujeres que desean ser felices.
Puedo decir que fue un proceso enriquecedor para mi vida,puedo decir que me dio compasion para mi y para mis semejantes......

3 de diciembre de 2009


Según pasan los años

Nos hemos acostumbrado a no llamar a las cosas por sus nombres. Preferimos el eufemismo antes que la denominación correcta. Decimos “negociado” cuando debiéramos decir “robo” y “estafa”. Decimos “faltó a la verdad” cuando lo correcto sería decir “mintió”. Y preferimos hablar de “edad avanzada” o “tercera edad” cuando realmente tendríamos que hablar de “ancianidad” o “vejez”.

¿Por qué ese temor a la palabra “vejez”? ¿Por qué el ocultamiento de la edad se estima como una manifestación de coquetería? ¿Cuál es la razón del miedo a las arrugas, las canas o la calvicie? Somos una sociedad que le teme a la vejez.

El ideal de nuestro mundo es el hombre joven de músculos firmes, atlético y vigoroso. Todos los medios difunden esa imagen y toda la sociedad parece convencida de su pertinencia. Pero, sin darnos cuenta, estamos haciendo una regresión histórica y volvemos a las concepciones paganas - griegas y romanas - en que el hombre era fundamentalmente cuerpo y el ideal era el dios Apolo.

Cuando las empresas necesitan emplear buscan jóvenes de menos de 30 años, a los que, absurdamente, se les pide “experiencia”. Contra esta corriente ni siquiera las estadísticas, a las que somos tan afectos, han podido hacer nada. Es en vano que demuestren que un hombre mayor de 40 o 50 años es más cumplidor en su trabajo, falta menos, toma menos vacaciones, rinde en forma pareja, etc. Todo esto parece no tener importancia en una sociedad que ve con temor todo lo que signifique vejez.

El sabio Salomón decía hace tres mil años: “La hermosura de los ancianos es su vejez”. Seguramente la sentencia es incomprensible para hombres y mujeres del presente que intentan continuamente borrar todas las marcas del paso de los años en su cuerpo, aún a costa de lucir esas ridículas máscaras de pómulos como pelotas de tenis y ojos con la expresión de “yo no fui”, que suelen proporcionarles los cirujanos plásticos.

En el pasado el anciano era el que acumulaba la sabiduría y se constituía por derecho propio, en el consejero natural de cada comunidad. El anciano era la memoria colectiva decantada por la serenidad que otorgaba el tiempo vivido. Por eso las nuevas generaciones encontraban en ellos respuestas a los problemas de la vida.

El mundo presente ha privilegiado el mercado, la competencia y la productividad. Se busca el conocimiento, pero se desdeña la sabiduría.

Volvimos a dar vigencia a una despiadada sentencia de Cicerón que calificó a los ancianos como “superfluos”, justificando su desatino con el argumento de que consumían sin producir.

La ética judeo cristiana nos rescató de esa insensata forma de pensar, para hacer que en occidente se valorizara y respetara al anciano. Hoy, en este proceso de desacralización de todas las cosas, volvemos a reflotar los conceptos decadentes que habíamos desechado. Cuando vemos la forma en que se trata a los ancianos, las magras pensiones con que se los quiere sostener, la postergación constante de sus derechos, etc.- no podemos menos que espantarnos ante una sociedad enferma de canibalismo.

Todos, quién esto escribe y usted estimado lector, vamos inexorablemente hacia la vejez. Todos estamos, como decía Heráclito de Efeso, colocados en la corriente del río del tiempo. No solo ocupamos un lugar en el espacio, sino que nos deslizamos por esa otra dimensión inasible que contabilizamos con relojes y calendarios, pero que no podemos dominar.

En el pasado, con un sentido trascendente de la existencia, se miraba a la vejez como una etapa de realización plena. Hoy, frivolizados y empobrecidos por la óptica humanista, carentes de sensibilidad espiritual, sumidos en una visión intrascendente de la existencia, la vejez ha pasado a ser la antesala de la nada. Por eso asusta y se pretende conjurar de cualquier forma.

¿No sería más sensato recapacitar acerca del sentido que tiene la existencia y entender al hombre como un ser espiritual y trascendente? En ese rumbo encontraríamos la respuesta a un problema que ninguno puede sentir como ajeno.

Salvador Dellutri