11 de septiembre de 2009


EL AGUILA


El águila es una de las aves de mayor longevidad.

Llega a vivir 80 años. Pero

para llegar a esa edad, en su cuarta década tiene que

tomar una seria y difícil decisión.


A los 40 años, ya sus uñas se volvieron tan largas y flexibles que no

puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta. El pico alargado y

en punta, se curva demasiado y ya no le sirve. Apuntando contra el

pecho están las alas, envejecidas y pesadas en función del gran

tamaño de sus plumas, y para entonces, volar se vuelve tan difícil!


Entonces, tiene sólo dos alternativas: Dejarse estar y morir... o

enfrentar un doloroso proceso de renovación que le llevará

aproximadamente 150 días. Ese proceso consiste en volar a lo

alto de una montaña y recogerse en un nido, próximo a un paredón

donde ella no necesita volar y se siente más protegida.

Entonces, una vez encontrado el lugar adecuado, el águila comienza

a golpear la roca con el pico ¡hasta arrancarlo! Luego espera que le

nazca un nuevo pico con el cual podrá arrancar sus viejas uñas inservibles. Cuando las nuevas

uñas comienzan a crecer, ella desprende una a una, sus viejas y

sobrecrecidas plumas. Y recién después de todos esos largos y

dolorosos cinco meses de heridas, cicatrizaciones y crecimiento,

logra realizar su famoso vuelo de renovación, renacimiento

y festejo para vivir otros 40 años más.


En nuestra vida también nos toca vivir procesos de reconversión,

o sufrir la pena de sucumbir. Tenemos que resguardarnos por algún

tiempo, meditar largamente y someternos a grandes sacrificios de

desprendimiento, para desarrollar los cambios (de modo semejante

al del águila), y luego ser capaces de recomenzar nuestra

vida con nuevos bríos y esperanzas.



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