28 de septiembre de 2008

los fantasmas del castillo interior..




Puede ser que al inicio del camino los miedos bloqueen muchas veces tu camino interior. El primer miedo es a encontrarse con la nada dentro de uno mismo. El miedo a la soledad del camino que desemboca en una persona deshabitada. Este miedo a encontrarse con nada, a encontrarse con el vacio existencial, es el miedo al hombre deshabitado, a ser por dentro ausencia de si mismo.

En el camino interior tenemos también miedo a la noche, a la oscuridad, a la desorientación que puede hacernos perder la ruta autentica. Tenemos miedo a encontrarnos con el dolor, con el sufrimiento, a encontrar el largo viaje hacia la autenticidad de nuestras emociones y pensamientos dolorosos, sistemas cognitivos y afectivos que generan una experiencia de sufrimiento.

Tememos encontrarnos imágenes introyectadas que desatan la autoagresión de la culpabilidad. Al ponernos mas en contacto con nosotros mismos, nos ponemos en contacto con capas muy profundas de nuestro ser en las que anidan culpabilidades, mensajes desvalorizantes, ideales inalcanzables y, por lo tanto, frustraciones dolorosas.

El camino hacia uno mismo pasa a veces por la apreciación subjetiva del desamor, del desvalimiento. Preferimos no enterarnos de que no hemos sido o no somos amados, aunque esta apreciación sea subjetiva. Nos evadimos de nosotros mismos, huimos de nuestra experiencia interna para creer en cuentos que nos ilusionan, en lugar de verdades que nos liberan.

El itinerario interior pasa frecuentemente por resentimientos: emociones dolorosas que atascan nuestra vida psíquica, que nos anclan en situaciones y personas de una manera negativa.

Tenemos miedo de encontrarnos con aspectos de nosotros mismos que no nos gustan, que rechazamos, que habíamos olvidado en un fondo inconsciente de nuestra persona. Esos aspectos, que forman parte de nuestra identidad total, somos también nosotros, aunque no nos complazcan o no los reconozcamos como integrantes de nuestro eje personal.

Un miedo que bloquea frecuentemente es el temor a encontrarnos con los aspectos “malos” de nuestra persona. Descubrir que somos malos en nuestro interior. Además del miedo al conflicto, al desencanto, a todo aquello que hace poco hacia confortable nuestro interior, tenemos también las distracciones que nos apartan de nuestra ruta. El narcisismo nos ancla en nosotros mismos y nos impide profundizar hacia nuestra verdad mas autentica. La autoagresión desencadena una batalla contra nuestra propia persona y bloquea también el acceso a una zona de paz y de profundidad personal.

Nos distrae también del camino interior instalarnos en una cualidad, anclarnos en una idea o en una ideología y dejar entonces de ser nómadas de nuestro mundo interno para hacernos superficialmente sedentarios. Nos distraemos del camino cuando nos evadimos de la senda estrecha que a través de la introspección, el amor y la abnegación, nos conduce hasta el fondo de nosotros mismos.

ATAJOS HACIA NUESTRO INTERIOR

Existen muchos atajos hacia nuestro interior. Se trata de herramientas para adentrarnos en el autoconocimiento:

- La observación de nuestras conductas, la introspección, la reflexión personal, el contacto con lo que sentimos a través de nuestro cuerpo, la pista de nuestras fantasías como simbolismo de nuestras necesidades y deseos, la escucha atenta de “feedback” que recibimos de los demás, el dialogo reconstructivo en el que se nos revela nuestra verdad, la psicoterapia como ayuda al autoconocimiento y maduración personal, la meditación profunda como ejercicio saludable de conocimiento y trascendencia, el análisis de nuestro itinerario personal como indicador del argumento existencial de nuestra vida, las huellas de personas significativas que han pasado por nuestra existencia, nuestras experiencias gozosas y dolorosas, nuestra escucha atenta de la realidad, los indicadores contraculturales de nuestros gestos y afirmaciones mas asertivas.

Podemos emplear todas estas y muchas otras herramientas en el camino hacia el interior de nosotros mismos. Nos ayudara la que mejor se acomode a nuestra manera de ser, de analizarnos, de trabajar con nosotros mismos y la que verdaderamente nos lleve a conocernos psicológicamente y a trascendernos espiritualmente. Otro atajo es la oración silenciosa, aquí entramos en contacto con nuestra propia experiencia, podremos encontrar muchas pistas sobre nuestra identidad. Día a día, la oración nos puede conducir, pasando por ti mismo, hacia tu Dios. La oración puede ayudarnos a responder a esta pregunta: ¿Quién soy yo de verdad? No para quedarnos en ella, sino para hacer de nuestra respuesta creyente una autentica e integradora respuesta humana, personalmente nuestra, que nos identifique y exprese, comprometa y libere.

... para encontrase es preciso perderse...

Soy un peregrino que camina solo, acompañado de un millon de peregrinos mas que caminan solos... Thomas B.

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