26 de mayo de 2008

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Sospechan que agentes norteamericanos son las manos ocultas entre bambalinas en la muerte misteriosa de 30 científicos de primera categoría de Rusia

En los últimos cinco años, 30 científicos de primera categoría de Rusia han muerto misteriosamente y decenas de otros científicos han sido atacados y, como resultado, su memoria ha sido misteriosamente dañada. El semanario ruso “Fundamentos Semanales” informó recientemente que a ojos de expertos, detrás de estos incidentes están escondidos secretos inconfesables, cuyos fraguadores entre bastidores son muy probablemente departamentos de inteligencia de Estados Unidos, cuyo propósito es hacer caer definitivamente a Rusia y llegar a la meta norteamericana de imponer su dominación exclusiva al mundo entero.

Según informó “Singtao Daily”, la muerte de muchos de estos 30 científicos está cubierta hasta hoy de un color misterioso. A fines de enero de 2002, el director del Instituto de Psicología de la Academia de Ciencias de Rusia Andrei Bruslinsky fue asesinado. Bruslinsky se dedicaba principalmente al estudio de tácticas psicológicas antiterroristas y en la cartera que perdió estaban sus últimos adelantos en la investigación.

El 7 de junio de 2005, el profesor Leonid Strachunsky, director del Instituto de Terapia Antimicrobial de Rusia y experto de la Organización Mundial de la Salud, fue asesinado en un corredor de un hotel de Moscú. La investigación muestra que la cabeza de Strachunsky fue golpeada por una cosa pesada y el ordenador notebook y dos celulares que llevaba consigo se perdieron. El misterioso asesinato coincidió con la incidencia de hepatitis A en la región de Tver, en donde más de 300 personas ya habían sido infeccionadas. A criterio de una versión, la epidemia se debió al uso de armas biológicas; y la investigación del Instituto de Terapia Antimicrobial estaba destinada precisamente a lograr un producto contra este tipo de armas.

Más de un mes después del asesinato de Brachunsky, Sergei Vofk, conocido científico de la región de Ural y ganador del Premio Nacional de la Federación Rusa, murió envenenado en la estación ferroviaria de Jekaterinburgo. El objeto de la investigación de Vofk era el gas inerte xenón y su última obra fue “Utilizar el xenón como elemento antirradiación”.

Además de estos expertos en ciencias militares, muchos científicos rusos de primera categoría en otros terrenos también fueron asesinados extrañamente. A fines del verano de 2002, el conocido químico Sergei Bahvarov fue asesinado y desmembrado; el 20 de abril de 2004, Vyacheslav Fedorv, profesor de la Facultad de Matemáticas de Computación y Cibernética de la Universidad de Moscú, fue asesinado y el arma mortífera fue un cuchillo de cocina; poco después, el profesor Nicolai Variakin, de 59 años, del Instituto de Economía Nacional del Gobierno de la Federación Rusa, fue asesinada en su casa y el arma mortífera también fue un cuchillo de cocina.

Frente a estos espantosos asesinatos, pese a los grandes esfuerzos de los investigadores, no se encontró ninguna huella de los asesinos. Además de los asesinatos misteriosos, otras decenas de científicos rusos fueron objeto de “lavado de cerebro”; entre ellos, el más extraño fue el conocido físico nuclear Sergei Bodoynichin.

A mediados de octubre de 2003, desapareció Sergei Bodoynichin, de 46 años, subdirector del Laboratorio de las Empresas Unidas de Minería y Química. Según datos publicados por un departamento de inteligencia, Bodoynichin tenía derecho al acceso a archivos confidenciales y su trabajo incluía el tratamiento de desechos nucleares y la producción de esmeraldas artificiales y otras sustancias limpias. Medio año más tarde, este físico nuclear regresó a su tierra natal, pero su memoria fue seriamente dañada; la investigación demuestra que su memoria había sido “eliminada”. El número de personas sujetas a “lavado de cerebro” como Bodoynichin está creciendo en Rusia, pero esto no tiene ninguna interpretación científica.

A criterio de muchos expertos rusos, los fraguadores entre bastidores de estos incidentes son muy probablemente departamentos de inteligencia de Estados Unidos. Nicolai Ulanov, director del Centro Científico Nacional de Microbiología Aplicada de Rusia, dijo: “El asesinato sucesivo de tantos científicos no es en modo alguno un fenómeno casual; la muerte de ellos ha dejado estancado el trabajo de investigación en un rumbo importante.” (Pueblo en Línea)
01/11/2007

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